Expropiación del tren lechero. Relato de un combatiente del ERP

22 Feb

tren lechero- ERP

Esto sería poco antes del ingreso al PRT. Roberto Sánchez por ese entonces era chofer en la empresa Cañuelas. Casi todos éramos de Lanús, excepto el Flaco Castiglione y David Laniado, así que ingresamos al PRT en Zona Sur. Lógicamente fuimos divididos en distintos equipos y pasaron unos años hasta que volví a ver a algunos de ellos. Un compa del cual no daré nombre y yo integramos un equipo con el Chispa. El caso es que más o menos en el ’72, estando en un equipo con el Petiso Canalis, aparece el tema del tren lechero, que pasaba en medio de una villa en los fondos de Lanús. Ese tren de vía angosta es el que termina en una estación que está entrando a Capital, a unos 100 metros de la Avenida Entre Ríos. Había por delante un descamado de una maderera. El tren llegaba hasta Pergamino si no recuerdo mal y allí cargaba leche a granel, en unos enormes contenedores de metal. Además tenía un vagón de pasajeros y, cosa que no sabíamos, recogía la recaudación de esa línea.

Como por esa Zona teníamos trabajo a través de Roldan, el que secuestraron después de Azul, decidimos asaltar el tren y repartir la leche. Fue una opereta para dos equipos, donde participaron unos 6 o 7 compañeros, dos de ellos se irían mas adelante con la Fracción Roja. David hace un viaje como pasajero hasta Pergamino y vuelta para chequear el tren. Era un pibe con carita de bueno y hace amistad con los conductores del tren, diciéndoles que su sueño de pibe era ser ferroviario y manejar una locomotora. Se lo tragan y a la vuelta viaja en la máquina y aprende a conducirla. Por otro lado se toman prestados un par de coches. Uno de ellos, un Peugeot 404, era de una pareja que se emociona al saber que se lo llevaba el ERP y se ofrecen a colaborar. Bueno el caso es que terminada la opereta se les llamó por teléfono y se les devolvió el coche. Después se los vio circular con la patente trucha que le habíamos puesto en el vidrio trasero.

Unos metros antes de la villa había una barrera. La idea era detener allí el tren con un coche cruzado en las vías. Se llega a intentarlo pero hay que levantar porque era una calle de transito y aparece la yuta.

A la semana siguiente se intenta sobre la última barrera antes de la estación. La villa quedaba a unos 150 metros atrás. La idea era hacer retroceder el tren y con unos canalones de cinc colgados de las bocas de los contenedores repartir la leche. Los contenedores iban en vagones cerrados. Se cruza el coche, el tren casi lo hace mierda pero se detiene. El gordo Sánchez, el Petiso y otro asaltan el último vagón en el que viajaba el personal con una escopeta y Brownis que era lo que había…. y ¡Sorpresa!! Con la recaudación. Los tipos creían que venían a robar la guita, total se les dice que no que veníamos por la guita, que queríamos repartir la leche y no lo podían creer!!

Los que asaltan la máquina, David y otros, le dicen al maquinista que retroceda y así lo hace hasta la villa donde ya había un compa llamando a la gente que salía con baldes y ollas y que les daba el volante correspondiente. Llegado el tren e iniciado la colocación de las canaletas aparece un coche de la cana y hay que retirarse. Lo hacen todos sin enfrentamiento ni problemas. Solo imagino la sorpresa del vagón del medio donde había pasajeros. Y esto fue todo.

– ¿Y porque no se llevaron el dinero?

– Pues no lo sé. Los ferroviarios estaban muy preocupados de perderlo, me parece que ese fue el motivo.

 

Fuente:  Pablo Bruno en grupo HEROES DEL PRT-ERP

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matar al tirano

18 Feb
Hace cuarenta años Videla estuvo a punto de morir en un atentado. El avión que lo transportaba carreteaba por Aeroparque cuando fue alcanzado por una detonación subterránea. Junto a él iba Martínez de Hoz. La aeronave trastabilló pero logró remontar vuelo. Había fallado una segunda carga explosiva, que hubiera torcido el destino de la dictadura. La acción estuvo a cargo de un comando del ERP que no se daba por vencido ni aún vencido. Esta es la trama secreta de la Operación Gaviota, una historia de película.
Ilustraciones: Nicolás Daniluk

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El 18 de febrero de 1977 la historia argentina tambaleó. Y casi hace crack. A las ocho y cuarenta de la mañana el avión presidencial Tango 02 comenzó el carreteo por el aeroparque de la Ciudad de Buenos Aires. A bordo iban el jefe de estado Jorge Rafael Videla, el ministro de economía José Alfredo Martínez de Hoz, y otros importantes funcionarios de la dictadura militar. En el momento exacto del despegue estalló un potente explosivo ubicado debajo de la pista. La onda expansiva alcanzó a la aeronave que por un segundo titubeó. En ese instante el destino del país estuvo en suspenso.

Imaginemos que el ataque ejecutado por el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) hubiese sido exitoso. ¿Se hubiera desplomado la tiranía? ¿Habríamos tenido un porvenir mejor? ¿O hubieran asumido personajes más siniestros aún, y el saldo sería una mayor represión? ¿La vida de cuantos presos políticos hubiera costado la del grupo de pasajeros que esa mañana se dirigía a Bahía Blanca?

La aeronave prosiguió su vuelo sin sufrir averías de consideración, aunque tuvo que aterrizar minutos después en la base de Morón. Pronto se sabría que una carga explosiva más poderosa no había detonado. Era la última carta que le quedaba a la guerrilla de izquierda más grande de la Argentina. La llamaron Operación Gaviota. Hoy se cumplen cuarenta años de aquella acción que parece haber quedado en el olvido.

la previa

Erica y Pepe vivían juntos en un monoambiente de Recoleta. Calle Austria, cerca del Hospital Fernández. Fingían ser pareja pero eran combatientes del ERP. Ella trabajaba en un taller textil, él militaba a día completo. Ella tenía 26 años, de él no hemos podido conocer la identidad. El Proceso de Reorganización Nacional se encaminaba a cumplir su primer año en el poder. Estaba en su mejor momento. Y ya se sabía que era el gobierno más sangriento del siglo veinte.

Erica percibía que algunas cosas fuera de lo normal ocurrían en la vivienda, pero estaban acostumbrados a no preguntar: “no hacía falta”. Con Pepe se conocían desde hacía bastante. Habían compartido muchas tareas. Aunque esta vez ella no estaba involucrada. Un día llegó al departamento y en el baño unas sogas colgaban del toallero, tipo arneses, muy mojadas. “Recuerdo que en ese momento imaginé que Pepe estaba en preparativos de alguna actividad importante. Nos conocíamos bien y no había necesidad de hablar: no era cuestión de estar curioseando”. Además, Erica sabía que su compañero de piso planificaba hasta el detalle más mínimo. Era introvertido. Hablaba lo justo y necesario. Pertenecía a la élite obrera metalúrgica, por lo que tenía conocimientos técnicos. “Trabajar con él daba seguridad. En las situaciones más difíciles y de mayores riesgos, donde los nervios carcomian el estómago, a Pepe no se le movía un pelo”.

El 17 de febrero de 1977, el Teniente Martín y un legendario cuadro de la Compañía de Monte “Ramón Rosa Jiménez” que aquí llamaremos David, cenaron con Erica y Pepe en el departamento. Durante la comida compartieron una larga conversación. Los cuatro sentados en el suelo, en ronda. Con las cortinas apenas abiertas para observar la calle sin ser vistos desde afuera. Erica había perdido en 1974 a su hermano mayor y en 1975 a su compañero y amor. Ambos secuestrados por las fuerzas de seguridad del estado. Desaparecidos en democracia. Sin embargo, esa noche ella se sintió partícipe de una comunidad espiritual. Algo profundo la ligaba a ese trío de tipos fogueados.

Charlaron sobre “pájaros perdidos”. El Teniente Martín disertó sobre música clásica. El tipo conocía. Se habló también de la situacion económica. De lo difícil que se estaba poniendo conseguir el sustento para las y los militantes que aún operaban en territorio argentino. Ni una sola referencia a lo que sucedería al día siguiente. “La única manera de no exponernos era no hablar más que cuando hacia falta hacerlo”, comenta Erica. Por una regla básica de la actividad esa noche no pintó el vino, para desdicha de Pepe que era buen tomador de tinto.

De repente escucharon voces de mando masculinas, gritos, destello de reflectores. Alguien apagó la luz. Observaron por las rayitas de las persianas a medio cerrar. Justo abajo, en la puerta del edificio, sobre Austria, se había instalado una pinza del ejército. Y comenzaron a requisar los autos. Los guerrilleros permanecieron en la oscuridad, observando. No había salida de emergencia posible. Si se arrojaban por la una única ventana del departamento, caían dentro del jeep verde. Por suerte, en las arterias secundarias los retenes duraban poco tiempo porque los automovilistas al avisparse tomaban otro camino.

Luego del susto, Martín y David se quedaron a dormir. En el monoambiente había apenas un sofá con cama rebatible, una mesita, dos sillas, una estantería para libros, una kitchenette y el pequeño baño. A las siete de la mañana los tres combatientes se dirigieron a la Costanera.

Erica estaba en el taller cuando escuchó por la radio la noticia. Enseguida ató cabos y supo quiénes habían sido los actores. Deseó que los tres estuvieran a salvo. Pensó en las represalias que podían sufrir los miles de presos políticos que poblaban las cárceles de la tiranía. Y se apenó de que no hubiera salido bien la operación. Pero al mismo tiempo tuvo cierta sensación de alegría: aún en el recodo más riesgoso del tardío repliegue, conservaban cierta capacidad de respuesta.

Un mes más tarde Rodolfo Walsh publicaría su Carta Abierta a la Junta Militar. En otro tono, y por otros métodos, aquella sí sería la última respuesta.

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La idea fue del Turco. La venía rumiando unas semanas atrás pero se decidió a proponerla el 19 de julio de 1976. Ese día los tres principales dirigentes del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), entre ellos mi padre, fueron secuestrados en Villa Martelli. Para muchos esa fue la señal de un fin de ciclo: el de la posibilidad de la revolución socialista en Argentina. Para el Turco fue el catalizador de una iniciativa que tal vez iba a modificar el curso de los acontecimientos. Había que sacudir el tablero.

Por esas circunstancias que el destino habilita y los conspiradores aprovechan, el Turco consiguió los planos donde se detalla la ubicación de los túneles del arroyo Maldonado que atraviesan al Aeroparque para desembocar en el río de La Plata. También adquirió un dato clave: las bocas de tormenta ubicadas en el perimetro de la estación aérea eran un foco de vulnerabilidad enemiga.

La nueva dirección del PRT, conformada entre otros por Alberto Merbilhá, Luis Mattini y Enrique Gorriarán Merlo, debatió la propuesta del Turco. Se trataba de una modalidad de ataque que no había sido utilizada por la organización en sus siete años de combate. Preferían evitar las maniobras con explosivos y las acciones que pudieran tildarse de terroristas, en las que suelen haber víctimas inocentes. Pero si en otras condiciones aparecían recursos alternativos, en la coyuntura en que se hallaban no había demasiada elección. Y no sería la primera vez que intentaban suplir con una salida militar las penurias en el plano político. Era un manotazo de ahogado.

El antecedente que estudiaron fue el golpe protagonizado por la organización vasca ETA contra el presidente de facto de España, almirante Luis Carrero Blanco, cuyo auto voló por los aires el 20 de diciembre de 1973, en Madrid. Como consecuencia, el régimen de Francisco Franco, quien para ese entonces agonizaba y había cedido el mando al ala más fascista, profundizó su descomposición. Al mismo tiempo, la resistencia armada contra la dictadura incrementó considerablemente su influencia.

A cargo de la “Unidad Especial Benito Urteaga”, conformada para la ocasión, fue designado el Teniente Martín, un experimentado partisano, excelso pianista y experto en explosivos, a quien todos conocían como “la Tía”. Su nombre verdadero: Eduardo Miguel Streger. Mientras avanzaban los preparativos, se reunía periódicamente con el Turco para intercambiar detalles y criterios logísticos. El espesor de la pista del aeroparque alcanzaba el metro de hormigón extraduro. Para volarlo se requerían aproximadamente entre nueve y doce kilogramos de trotyl. Sería necesario mayor potencia para que la onda expansiva alcanzara al avión. La posibilidad de la interferencia eléctrica y radial los persuadió de descartar el uso de detonantes telecomandados y obligó al empleo de una extensa línea de cables resistentes a la humedad, más una fuente de energía, pequeña y portátil, pero de alto voltaje e intensidad.

Una discrepancia surgió cuando la Tía informó que pondrían dos cargas explosivas separadas entre sí por algunos metros. El fardo central tendría treinta kilos de trotyl y 35 de gelamón, incrustados debajo del centro de la pista. El segundo paquete se ubicaría en el borde del túnel, junto a una tapa de alcantarilla, con quince kilos de trotyl y unos cincuenta de gelamón. Las dos cargas estaban conectadas en paralelo a una línea principal de conducción eléctrica, cada una con tres detonantes y varios reforzadores. El Turco insitía en que instalaran sólo una. Le preocupaba que no funcionaran por simpatía.

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Durante su larga experiencia en el monte tucumano David se había destacado como un tipo serio, incluso circunspecto, a veces obsesivo. Era de los que no se tomaba el asunto a la ligera. Los tres elegidos para ejecutar la Operación Gaviota compartían similares rasgos. Ninguno quería ser un héroe. Priorizaban la eficacia en la tarea a cualquier otra consideración, por trascendente que fuera. Quizás por eso Gorriarán Merlo seleccionó al trío. Porque no se parecían demasiado a él. “El Pelado” Gorriarán para ese entonces formaba parte del Estado Mayor del ERP y sería el encargado de planificar la acción en sus aspectos logísticos, de inteligencia y también en lo operativo.

Una noche de septiembre del 76, la Tía y David descendieron por primera vez al Arroyo Maldonado, a través de una boca de tormenta ubicada en la zona de Floresta. Para que nadie los pillara utilizaron una furgoneta Citroên 2CV desfondada en su parte trasera. “Bajamos valiéndonos de sogas con nudos de muy difícil manejo —cuenta David. Y nos encontramos con una obra de ingeniería majestuosa. Un paisaje propio de un film de ficción. Lo que más me llamó la atención fue el arroyo: un mísero hilo de agua que no ameritaba semejante construcción faraónica”.

Con la ayuda de los mapas cloacales provistos por el Turco y a través de expediciones periódicas, fueron avanzando en el reconocimiento del arroyo entubado. Pepe hacía las veces de chofer. “A medida que nos internábamos el nivel del agua crecía. También aumentaban los desagües que otorgaban a los fluidos una creciente polución y un olor nauseabundo. Hacia los primeros días de octubre ya andábamos cerca de la Avenida Córdoba, a la altura de Palermo. En las paredes aparecían conductos de diferentes diámetros que se diseminaban en todas direcciones. El agua llegaba al metro de profundidad y la locomoción se hacía muy lenta. Una jornada, cuando emprendíamos el retorno, quedamos asombrados por el brillo de una gran piedra adosada a la pared. Al acercarnos vimos un rayo de luz proveniente del exterior. En realidad, era otra boca de entrada totalmente cubierta por desechos. El descubrimiento facilitaba sensiblemente el traslado de materiales y acortaba las distancias”.

Antes de volver a sumergirse en las bóvedas del Maldonado fueron a una tienda de artículos de buceo. Allí compraron un bote de goma y una linterna sumergible. Estuvieron a punto de aprovicionarse con trajes de vinilo, máscaras y tubos de oxígeno, pero les pareció una exageración. A la noche estrenaron el nuevo acceso con la barca a cuestas. Mientras recuerda, David parece transportado: “Amanecía cuando llegamos a Puente Pacífico. El paso de los trenes era ensordecedor. Para atravesar la Avenida del Libertador tuvimos que remar vigorosamente y atarnos con cuerdas porque la corriente se tornaba amenazante. Finalmente nos asomamos a la Costanera. Ese día determinamos el lugar donde serían instalados los explosivos”. En la próxima penetración iban a comenzar el acarreo de materiales.

Pero cuando se preparaban para regresar fueron sorprendidos por un aguacero. Y cundió la alarma, porque la crecida del arroyo los podía llegar a sepultar en el Río de La Plata. “Hubo que exigir los brazos hasta casi quebrarlos. Contener la angustia. Debíamos llegar de inmediato a la salida de la calle Córdoba. Cuando lo logramos, la boca estaba casi cubierta por el torrente subterráneo. Tal era la urgencia que tuvimos que dejar el bote atado y trepar desesperadamente por entre la marea que se abalanzaba sobre el túnel”. Una vez en la superficie, jadeante, David dijo: “¿te imaginás lo que hubiera sido morir ahogados en una alcantarilla?”. Rieron como hacía rato no reían.

A los pocos días volvieron a bajar. La pequeña embarcación permanecía intacta donde la habían aparcado. Tocaba ingresar con los cables sumergibles. “El rollo era tan largo que debimos realizar tres viajes. Lo fijamos con grampas a las paredes de cemento. En el lugar donde debíamos apostar los explosivos el agua alcanzaba dos metros de profundidad. Por un descuido se me cayó la linterna al fondo del acueducto. La Tía reaccionó inmediatamente y se zambulló en el líquido viscoso. Cuando regresó al bote con la preciada luz su cuerpo estaba íntegramente cubierto de negro aceite”.

En la siguiente jornada descargaron los explosivos. Para garantizar la seguridad de los movimientos fingieron un robo en una propiedad aledaña a la boca de tormenta. Los primeros días de noviembre los casi doscientos kilos de dinamita habían sido ubicados bajo la pista del Aeroparque Jorge Newbery. Para aislarlos de la humedad fueron atados con cuerdas en los techos del Maldonado y envueltos con material sintético. Por esos días el presidente Jorge Rafael Videla regresaba de Mendoza y declaraba que “la crisis no ha terminado todavía”. Esos viajes eran relojeados minuciosamente por la inteligencia guerrillera.

el impasse

¿Por qué, si el dispositivo estuvo listo en noviembre de 1976, la acción fue ejecutada recién a mediados de febrero del año siguiente? Eduardo Sguiglia publicó en 2014 la novela Los cuerpos y las sombras. Una de las tramas que le aporta suspenso a la narración es la Operación Gaviota. En la contratapa dice que el libro está basado en hechos reales.

En una larga velada en torno a una parrilla entre dos setentistas que se reencuentran tres décadas después, el comensal le cuenta al asador los pormenores del atentado contra Videla. Ernesto se llama el sobreviviente, que confiesa haber participado de la acción. Durante sus peripecias militantes se enamoró de la Petisa Raquel, que antes del golpe fue detenida y puesta a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Hacía diez meses que la Petisa pasaba sus días en la cárcel de Devoto, junto a decenas de presas y presos políticos. Cuando los preparativos de la operación ya estaban avanzados, Ernesto fue sorprendido por un íntimo temor: si la intentona resultaba un éxito, su Petisa y tantos otros seres queridos pagarían los platos rotos. Ella estaba en manos de carniceros que no escatimarían crueldad en la venganza.

Siempre según la ficción, el combatiente trató de alejar como pudo el mal presentimiento de su mente, pero una tarde que debió entrar con la Tía y David a tender cables en los pasillos subterráneos, tuvo una extraña visión. Se había hecho de noche y debían esperar algunas horas para regresar al mundo real. “La Tía nos dijo, muy serio, que ascender a la superficie a esa hora podía ser muy peligroso, que era mucho mejor esperar a la mañana siguiente en el sitio donde amurábamos la balsa. El criterio era bastante sensato. Máxime como estaba operando la represión. Sin embargo, sus instrucciones aquella vez me contrariaron más que nunca”. Prosigue: “a esa hora, habrían sido las seis, la corriente del arroyo era firme y rápida y el aspecto del túnel, a medida que desaparecían los últimos chispazos de sol, se volvía tenebroso. Recuerdo que el ruido que hicieron unas maderas al chocar con otras porquerías que corrían por el desague me sobresaltó como si hubiera sido un cañonazo… Una neblina blanca, caliente, pegajosa, más perturbadora que la oscuridad, entró por el lado del río. Un rato más tarde, unas voces, unos quejidos tristes y fuertes, se colaron por algún lado del túnel y llegaron a nosotros. Para mí fue como si la neblina misma hubiese gritado. No me pareció un sueño. Lo sentí como una premonición… En ese momento caí en la cuenta de que estábamos solos, fuera del mundo, en ninguna parte, en ningún lugar. Me sentí ahogado, cansado, pensé que estaba arriesgando la vida de mi compañera y me quedé disgustado por la situación que tenía que vivir”.

Más adelante Ernesto cuenta que “cuando amaneció salí con la cabeza puesta en la Petisa… y nos los vi más. No los quise ver. Me fui a la mierda, pensando que aquellas horas habían sido las peores de mi vida”.

La anécdota le fue referida a Sguiglia por el protagonista de los hechos bajo la expresa solicitud de no revelar su identidad. A pesar de mis ruegos, el escritor se mantuvo leal a su promesa. La intervención de Ernesto en la novela concluye del siguiente modo: “La operación se tuvo que postergar varias semanas porque los compañeros, al no saber nada de mí, temieron que yo hubiese caído y los hubiera delatado. La fueron postergando hasta el límite de la vida útil que tenían los equipos y los cables que habíamos deplegado. Cuando recibieron mis noticias desde España, habían pasado más de dos meses”.

día d

Habíamos quedado en que la Tía, David y Pepe salieron del departamento de la calle Austria antes del amanecer del 18 de febrero de 1977, rumbo a la Costanera. Allí se sumarían otros camaradas para participar en funciones secundarias.

En los días previos se dieron a conocer una serie de vuelos presidenciales a distintas provincias. Uno se suspende por lluvia y en otro los confabulados reaccionan tarde, perdiendo la ocasión. Cuesta controlar la ansiedad, pero finalmente llega la hora clave. Caía un viernes.

En total, unos diez partisanos intervienen en vivo y en directo de la acción. Pepe se instala en el aeropuerto; David observa desde el Velódromo ubicado en la calle Belisario Roldán, entre Figueroa Alcorta y las vías del ferrocarril Mitre; la Tía se hace cargo del tercer puesto, en los bosques de Palermo, cerca del Planetario. Él sería el encargado de pulsar el botón. Está acompañado por un doble que lo protege y, en caso de urgencia, debería reemplazarlo en la función de disparador. Entre las tres posiciones se comunican a través de walkies talkies. Otros guerrilleros caminan entre los árboles, en tareas de contención. Hay chóferes que están listos para garantizar la huída. A las ocho y cuarto todos están en sus puestos y el observador abre la comunicación con su jefe. La fuente eléctrica es conectada al circuito de disparo.

Meses de preparación, de esfuerzos y confabulaciones, se dirimen en pocos minutos. En las operaciones, dicen los que saben, el tiempo vuela. Lo que en el replay sucede en cámara lenta, en la realidad se escurre en segundos fugaces. El primer aviso es emitido desde Aeroparque a las ocho treinta: el Fokker F-28 ha comenzado a moverse. Cinco minutos más tarde hay una segunda señal: el avión se ubicó en la cabecera norte de la pista para decolar. Poco después llega el alerta definitivo: ha comenzado a carretear y se acerca al punto de referencia. ¡Fuego! Se escucha un estruendo sensacional. Una gran nube de humo y polvo. La nave trastabilla. Pero sigue su rumbo. “¡La puta madre!”, grita la Tía. Algo falló.

Cuando Liliana Teplitzky se enteró del atentado sintió un escalofrío en todo su cuerpo. Liliana, esposa de la Tía Streger, estaba presa en la cárcel de Devoto, a quince kilómetros del lugar de los hechos. “Sentí mucho miedo. Tal vez más que otras veces. ¡Tenía conciencia de rehén! Pero también sentí alegría. Y cierta cosita de orgullo. Y pena porque fallara. Me imaginaba a la Tía renegado y devanándose los sesos para descubrir en qué pudo equivocarse”.

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“Un vasto operativo de seguridad se montó después, cerrándose el Aeroparque para todo tipo de vuelos”, dice Clarín el 19 de febrero. El mismo matutino confirma que además de Videla y de José Alfredo Martínez de Hoz, viajaban en la aeronave “el Comandante del V Cuerpo del Ejército, general Osvaldo Azpitarte; el secretario general de la presidencia, general José Villarreal; el jefe de la casa militar, brigadier Oscar Caeiro; el secretario de Energía Guillermo Zubarán, y otros funcionarios”.

Según el informe emitido por el Departamento de Explosivos de la Superintendencia de Bomberos dependiente de la Policía Federal, el artefacto detonó “a unos ocho metros de la pista principal, hacia el lado noroeste, entre los rodajes 2 y 3. Como resultado de la explosión, fue factible comprobar la existencia de una pronunciada oquedad, a modo de cono invertido, de entre tres y cinco metros de diámetro, cuya onda mecánica produjo la rotura de dos vigas, losas, tapa y bóvedas del desague, como así también el levantamiento y remoción de la tierra, materiales estos que fueron proyectados a distancias considerables”.

El mismo reporte policial confirma que “el avión se encontraba a unos quince metros de altura… Se presume que éste pudo haber sido alcanzado por restos de materiales, proyectados a modo de esquirlas que bien pudieron impactar en el tercer tercio del fuselaje de la cubierta laminada”.

La inspección detectó otro artefacto explosivo que “se hallaba empotrado al techo del túnel junto a una columna, a la altura de la parte media la pista, asegurado mediante el empleo de cuatro sunchos de acero que fueron colocados con una pistola especial para fijar clavos en cemento armado”. Hasta hoy no ha sido posible determinar por qué razón esa carga principal no llegó a detonar.

La retirada de los atacantes se realizó sin inconvenientes. Pepe y sus compañeros volvieron a casa como cualquier día normal. David salió del velódromo en bici, como un ciclista más. La dictadura fue tomada por sorpresa y quedó desorientada. Pero la desazón cundió entre los revolucionarios. Para ellos había sido el golpe final.

El mismo 18 de febrero el ERP emitió un “Parte de guerra” reivindicando el atentado y explicitando “el objetivo de destruir el avión presidencial y al asesino Videla”. “Por causas de orden técnico no se logró el objetivo final”, dice la breve esquela.

Diez días más tarde, en la edición número 93 de Estrella Roja, órgano oficial del ERP, apareció una entrevista a un oficial guerrillero que participó de la acción: “el atentado al avión presidencial es seguramente una de las operaciones especiales de mayor complejidad hecha en nuestro país por revolucionarios”. Y agrega: “se operó prácticamente debajo de los bigotes de Videla durante muchos meses, manejándose los problemas de seguridad y enmascaramiento con total éxito”.

En abril, Pepe y el Turco se fueron al exilio. Eduardo Miguel Streger, la Tía, fue secuestrado el doce de mayo y continúa desaparecido. Erica salió del país en julio. David y el Pelado también lograron escapar.

la pregunta

El 20 de julio de 2014 Alemania celebró los setenta años de la Operación Valquiria, un atentado con explosivos organizado por un grupo de militares que quisieron matar a Hitler. En las solemnes recordaciones de aquel intento fallido, el actual presidente teutón, Joachim Gauck, otrora militante anticomunista en Alemania oriental, dijo que la efeméride resultaba significativa para la historia germana porque “fue a partir de ese legado que la nueva República Federal, al reconocer tardíamente el significado de la resistencia, fue capaz de adquirir legitimidad”.

También el campesino y carpintero Georg Elser intentó sin éxito acabar con el Führer, en 1939. De manera solitaria instaló una bomba de relojería en un enorme salón en el que se realizaban mitines políticos y donde Hitler iba a pronunciar un discurso. Pero el fundador del nazismo habló poco y se retiró antes de lo acostumbrado. El artefacto detonó quince minutos tarde y dejó un saldo de ocho muertos y varios heridos. Según un artículo publicado recientemente en Deutsche Welle, “el atentado cometido por ese valiente ciudadano dio lugar a malentendidos e interpretaciones diversas. Algunos opositores al régimen pensaban que habían sido los mismos nazis quienes organizaron el ataque a fin de fortalecer la creencia popular en un Hitler sobrehumano e invulnerable… Durante muchos años, su familia tuvo que defenderse de las acusaciones de que Georg Elser había sido un instrumento del poder nazi. Sólo décadas más tarde su acción fue reconocida como un acto heroico de resistencia individual contra un régimen inhumano. Hoy, Alemania cuenta con biografías, películas, un Premio Georg Elser al coraje civil, y varias calles, plazas y escuelas que llevan su nombre”.

Otro tiranicidio frustrado del siglo veinte tuvo como blanco a Augusto Pincochet. Aconteció el siete de septiembre de 1986 en el Cajón del Maipó, localidad serrana cerca de Santiago de Chile. Estuvo a cargo del comando “Los fusileros” del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Ese día el genocida volvió a nacer. Hace poco se cumplieron treinta años del suceso y el diario La Tercera de Chile difundió un exhaustivo reportaje especial, donde anuncian que está en proceso la filmación de una película sobre el atentado.

En Argentina prácticamente nadie habla de la Operación Gaviota. En uno de los países que más se ha ocupado de la memoria hay omisiones sintomáticas, agujeros negros que no atinamos a iluminar. Quizás sean episodios incómodos, que no proveen argumentos aleccionadores. Están al borde de lo tolerable, fueron protagonizados por héroes anónimos, y se resisten a la reivindicación fácil.

Matar al tirano es un acto que, en sí mismo, condensa los dilemas de la lucha revolucionaria que conmovió al siglo veinte. Hay hechos con tal fuerza expresiva que inhabilitan las valoraciones rápidas. Que se ubican mas allá de la disputa entre aprobación y condena. Y no admiten la repetición. Decisiones éticas que sumen a la moral ordinaria en la perplejidad. Tal vez haya llegado el tiempo de ir en busca de ciertas preguntas esenciales que hasta el momento no han encontrado respuestas.

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Tapa del Estrella Roja del 28 de febrero de 1977

Recuerdo de Luis Lea Place sobre Tosco, Santucho y el primer aniversario de la Masacre de Trelew

13 Feb

tapa NHTosco tenía mucha simpatía con la ideología del PRT ERP.

Corría el año ’73; recuerdo que vivía en una casa cerca de Ferreyra y de un arco en la entrada a la ciudad de Córdoba; En la casa vivía también Pedro (Juan Ledesma, asesinado en la tortura en el ’75) su esposa La Gringa (caída en combate en Lanús Pcia. de Buenos Aires), su pequeño bebe y Robi (Santucho); también solían ir de vez en cuando las nenas de Robi.

Como se acercaba la fecha del aniversario de los asesinatos de Trelew, Robi me dio la tarea de coordinar el acto a realizarse desde los balcones de la CGT. Conversamos en términos generales las características del acto y al terminar me dijo:“no le digas a nadie, hablare yo en el acto por el ERP”.

Lo primero era ver si los Montos y la FAR estaban dispuestos a participar en un acto común, reflejando el hecho de la muerte de nuestros cros como muestra de unidad en el acto de homenaje. Por tal razón hicimos una reunión en una pizzería ubicada en una avenida paralela a la Gral. Paz y otra avenida que la cortaba, no recuerdo los nombres. Mientras nos dirigíamos a la reunión con Benito Urteaga (caído junto a Robi en Villa Martelli) -que andaba por Córdoba circunstancialmente- comentábamos el contraste del lugar, un bar todo vidriado en una esquina, con otras reuniones anteriores, que cuanto más ocultas eran mejor; “son los beneficios que nos da la democracia” comentamos.

Allí nos esperaba, Alberto Camps, María Antonia Berguer, dos cros que se habían salvado en Trelew y un tercer compañero, que si mal no recuerdo era Parda. Hicimos nuestra propuesta; que incluía hacer abstracción en los discursos de nuestras diferencias circunstanciales; pero ellos no accedieron.

El próximo paso era reunirme con el “Gringo” (Agustín Tosco, muerto en la clandestinidad). (El PRT ERP escondió a TOSCO cuando tuvo que pasar a la clandestinidad, ya muy enfermo, por lo que fallece a los pocos días)

Como no lo conocía personalmente, me contacte con una compañera conceptuada como excelente por Robi, que no recuerdo como era llamada en ese momento, y que en realidad era Marta del Carmen Rossetti (asesinada brutalmente en la cárcel de Córdoba). Mientras caminábamos íbamos conversando sobre la propuesta, era una compañera muy amable, agradable y muy precisa en lo que decía. Llegamos al sindicato, el Gringo tenía su oficina arriba del edificio en un pequeño cuarto. Entre los tres coordinamos las características del acto y el orden de los oradores; por mi parte hablaría en nombre de los ex-presos, luego el Gringo y después un compañero en nombre del ERP. No recuerdo si hablo alguien más, también había un compañero o compañera  que se dedicaría a presentar el acto.

El día del acto, el 22 de agosto del ’73 llegué a la CGT, la avenida ya estaba cortada y la gente comenzaba a llenarla, con sus banderas y cánticos recordando a los compañeros  de Trelew.

El acto se venía desarrollando correctamente como estaba previsto. Al finalizar su discurso Tosco me pregunto quién iba a ser el próximo en hablar, y en ese instante llegaba Robi por las escaleras junto a cuatro compañeros que le hacían el aguante.

Tosco abrió los ojos incrédulo y sólo atino a decir: “¡Negro, nos van a intervenir la CGT!”. “No pasa nada Gringo” -dijo Robi-. Todos los cros presente no alejamos un poco para que ellos deliberaran. Robi no hablaría aquella noche, accediendo y contemplando el pedido del Gringo, y me dijo al pasar: “buscate otro compañero para que hable”.

Al primer compañero que paso por mi lado le dije “necesito que hables”. Era el Chango Tumini, que a pesar de su juventud tuvo el coraje de improvisar un discurso que salió excelente.

Pero no todo terminaría allí; sabía lo que vendría y me estaba preparando. El gringo se me acerco y me pregunto “¿sabías que el Negro quería hablar?”, con mi mejor cara le dije “no”, mientras en mi imaginación veía cuanto crecía mi nariz. El solo sonrió y se alejo.

PS: Robi, estaba fugado desde agosto del 72 de Rawson, o sea que era prófugo buscado, por eso acepto la decisión de Tosco a pesar que en un momento del acto hubiese sido difícil que lo detengan ante tanta muchedumbre.

fuente: Marcela Santucho, en Facebook a Mario Roberto Santucho

Archivos Desclasificados de la DIPBA – Carta de Santucho a presos políticos

1 Feb

Santucho en ChileINSTITUTO DE SEGURIDAD (U-6) RAWSON CHUBUT C.E. Transcripción textual de carta dirigida a los detenidos que cumplen una huelga de hambre, firmada por Carlos, nombre de guerra de MARIO ROBERTO SANTUCHO

“Queridos compañeros:

                                          En primer lugar quiero felicitarlos por la combatividad y valor con que enfrentan las penurias de la prisión, expresadas hoy en la justa huelga de hambre que están llevando adelante, tomando asi las tradiciones de nuestro partido y de nuestro pueblo, los sucesos de la camarilla facistoide gobernante engendran profundo odio en nuestro pueblo trabajador, avivan la determinación de lucha, contribuyen a despertar políticamente nuevas capas de argentinos.

En ese marco vuestra voz que se está haciendo escuchar por la huelga de hambre encuentra miles de oídos receptivos, implican el razonamiento de que -siempre es poco lo que se hace si- hay revolucionarios argentinos que lejos de desmoralizarse en las garras del enemigo, son capaces de levantar también en las prisiones el estandarte del combate. Aunque sé que el Partido vive intensamente con vosotros en las cárceles, no quiero dejar de referirme en estas líneas en la necesidad de aprovechar cada minuto, de activar la vida de las células de las direcciones de pabellón y de penal, de estudiar, politizar a los menos experimentados irradiar el ejemplo del militante partidario a los compañeros que no son del Partido, a toda la población de cada penal, a los visitantes y vecinos con organización y vida política, ordenando la vida colectiva, sistematizando el estudio, aprovechando para organizarse. Así los militantes del PRT no dentendrán su desarrollo revolucionario en las prisiones y estarán listos y mejor preparados al volver al servicio activo para continuar entregando lo mejor de sí a la causa liberacionista y revolucionaria de nuestro pueblo.

Reciban uds. el emocionado saludo de todo el partido
AVOMPLA

C.

Fuente: https://www.facebook.com/mrsantucho/

Francisco Cuello, “Fierrito” ¡Gloria a los héroes de Monte Chingolo!

23 Dic

A 43 años del “Combate de Monte Chingolo”, reproducimos el homenaje aparecido en El Combatiente Nº 199 a Francisco Cuello, “Fierrito”, obrero de la fábrica Del Carlo, de la zona norte del Gran Buenos Aires. 

Fierrito Cuello“Fierrito” era un compañero como su nombre lo dice, de “fierro”. Era de fierro porque siempre empujaba para adelante en las buenas y en las malas, cuando las cosas venían fáciles y fundamentalmente cuando venían difíciles. Combatiente del ERP y aspirante del PRT desde hace casi dos años, se caracterizaba por su constancia y empuje en las tareas y su sonrisa y alegría constantes.
Sus dos últimos meses de militancia fueron extraordinarios. Había comenzado su vida política en el Partido Comunista para abrazar más tarde el único camino de victoria para que la clase obrera conquiste la Patria Socialista: LA GUERRA REVOLUCIONARIA. Trabajó en varias fábricas de la zona norte del Gran Buenos Aires pero fue cuando entró a Del Carlo cuando comenzó a desarrollar un amplio trabajo de masas al tiempo que combatía en las filas del ERP. En fábrica, el sucesivo cambio de una sección a otra le permitió estrechar lazos con todos los compañeros y ganarse su más profundo respeto y cariño.
Hace poco fue elegido por sus compañeros de célula como delegado al plenario zonal del PRT.
Francisco Cuello murió heroicamente en combate, luchando por su clase y así lo comprendieron todos los obreros de Del Carlo.
Cuando llegó a la fábrica la noticia de su muerte, uno a uno, todos los obreros han pasando por la sección donde últimamente Fierrito trabajaba. Nadie lo podía creer, mejor dicho, nadie lo quería creer.
Nuestro Partido entonces, envió a la fábrica una declaración donde confirmábamos a todos los compañeros obreros de la gloriosa muerte del compañero Fierrito. Las compañeras y los compañeros lloraban y pararon espontáneamente.
En la sección donde trabajaba el día 31 se hizo una asamblea muy emotiva. Todos hablaron de los guerrilleros, de Fierrito, del PRT, del ERP. En otras secciones donde se festejaba el fin de año, un compañero dijo espontáneamente “que a pesar de que estábamos festejando el fin de año no podíamos olvidar a Fierrito que había muerto luchando por su clase obrera”.
Cuando un compañero del PRT fue a avisar a su hermana monja de la muerte de Fierrito, inmediatamente el resto de las religiosas se solidarizaron con ella expresando “ya nos imaginábamos que los guerrilleros eran gente buena porque Francisquito era un gran muchacho que quería mucho a la gente”.
En una villa donde Fierrito era muy conocido y en cuyas movilizaciones de junio y julio había participado, igualmente el sentimiento de dolor ante su muerte fue muy profundo y decenas de villeros ofrecieron espontáneamente su ayuda y colaboración al PRT, convencidos que ese es el mejor homenaje que se puede rendir a un obrero revolucionario muerto en combate: empuñar su fusil y ocupar su puesto de lucha.
Las siguientes cartas han sido entregadas por compañeros de la Fábrica Del Carlo a compañeros de nuestro Partido y son la más límpida y emotiva demostración del cariño por Fierrito de sus hermanos de clase.

Compañero Fierrito:
Escribo esta carta haciéndote un pequeño homenaje a tu lucha que nunca vacilaste en llevar adelante porque tu moral revoluciona ría era un ejemplo para todos nosotros. En tu fábrica no puede decir ningún compañero que tu muerte fue en vano porque tu fusil ya fue levantado por miles de compañeros nuevos.
El triunfo de la Revolución Socialista está cerca y tu nombre nunca se borrará de la historia de los verdaderos patriotas de esta tierra. Cuando llegue el triunfo de la Revolución, tu risa tan particular y tan alegre será escuchada en todo el territorio argentino y que Dios te tenga en la gloria junto a nuestro padre Ernesto CHE Guevara.
Hasta la Victoria siempre.
Una compañera.

RECORDANDO A FIERRITO
Cuando en la fábrica se enteraron de la muerte de Fierrito, toda la sección donde trabajaba quedó paralizada. Los compañeros no podían creerlo. En sus rostros se notaba una tremenda angustia y dolor. Y también rabia por los militares asesinos. De los ojos comenzaban a brotar lágrimas porque Fierrito era muy querido. Algunos compañeros dicen que él va a volver que no es cierto que haya muerto y yo me canso de repetir. “Si, está muerto, lo fusilaron los militares”. Todos los días no faltan algunos compañeros que cuenten alguna pequeña anécdota de él porque él siempre se estaba riendo. “Te acordes cuando Fierro me cantaba?” dice un compañero. Otro dice que era muy pituco al caminar, que parece que lo están viendo. O se acuerdan que a él le gustaba mucho el po lio. También cuando cebaba mate. O se acuerdan cuando salía con el carro de la basura, él decía que para tomar aire y salir del infierno de la sección. Otro compañero cuando lo veía trabajar le decía: “Acá está la Compañía de Monte RAMÓN ROSA JIMENEZ”.
una compañera.

Fierrito:
Tu compañero M seguirá tu lucha. Compañeros ha caído el compañero Fierrito en un combate del Regimiento 601 de Monte Chingolo. El compañero cayó luchando como un compañero honesto. Militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores.
También te diré Fierrito hermano, la tarde aquella que me llegó la noticia yo caminaba por la avenida por donde nosotros íbamos siempre a cumplir nuestras tareas. Extrañaba tu presencia, las lágrimas me caían y me sentía más fornido pero aún me siento fuerte como un fierro yo te saludo con un abrazo revolucionario.
Compañeros este fue un golpe para todos los compañeros de clase. Fierrito cayó luchando en defensa de nuestros intereses y también para hacer frente a los atropellos de las patronales y la burocracia.
Compañeros, debemos estar todos unidos y preparados para luchar. Con la experiencia de nuestro hermano Fierrito. Compañeros hoy me siento más fuerte que nunca pera levantar el fusil y salir a la lucha.
Compañeros, les saluda un compañero de fábrica Del Carlo y aportando mis posibilidades en lucha legal hago y lo digo mi condición de militante del único partido capaz de lograr la tranquilidad para el pueblo argentino.

CARTA AL DESAPARECIDO COMPAÑERO FIERRITO:
Con gran dolor he recibido la noticia de tu muerte mi querido compañero Fierrito, no podía creer que físicamente no te iba a ver nunca más. En mi mente se cruzaban rápidamente los pensamientos, los recuerdos de tantos momentos que hemos compartido ¡untos a veces felices y también difíciles me vienen a la memoria, tu recuerdo me persigue en todo momento, en cada acto tuyo, me parece estar viéndote reír, lo que siempre te ha caracterizado, porque vos eras de esas personas que poseen ese don maravilloso que solo Dios brinda a los seres humanos como vos, esa humildad y ese corazón tan grande que has sabido manifestarlo en tu gran amor a tu clase la clase sufrida de los obreros y por la cual has entregado tu vida.
Tu ejemplo ha sido muy grande y quedara imborrable en mí y en todos tus compañeros de Del Cario, porque no has bajado la frente en ningún momento y moriste como mueren los héroes luchando de frente, esto solo es patrimonio de un hijo digno de nuestro pueblo.
Tus compañeros de Del Carlo sabrán reemplazarte de la misma manera qué vos lo has hecho porque ser guerrillero es un orgullo, si por delante espera el futuro del pueblo, el pueblo que vos querías ver convertido en una patria libre y justa.
En esta carta quiero rendirte mi humilde y sencillo homenaje y la de tus compañeros de Del Carlo que sabrán recordarte siempre y en cada lucha que tengamos aunque sea por un aumento estarás presente dándonos toda tu fuerza espiritual para que lo que vos no has podido ver realizado lo hagamos nosotros.
Fierrito, nuevos brazos alzarán tu fusil y derrotaremos al enemigo!!

A 43 años del Combate de Monte Chingolo

23 Dic

por Senda Guevarista

 Diciembre es un mes cargado de historias de luchas, si es que se ejercita la memoria, y algo que las clases dominantes siempre intentan ocultar o, en caso de no lograrlo, tergiversar. Y en esa historia reciente se encuentra una de las acciones guerrilleras urbanas más grandes y espectaculares del siglo XX, no sólo de nuestro país, sino de América Latina. El 23 de Diciembre de 1975, la dirección del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) dio la orden de llevar adelante la acción militar más grande del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) que haya realizado desde su fundación 5 años antes: El asalto al Batallón de arsenales 601 de Monte Chingolo.

El contexto social político en Argentina, y todo el continente, era de un continuo y permanente auge revolucionario en todos los frentes de la sociedad a través de grandes movilizaciones, huelgas y debates, acompañada de crecientes acciones de lucha armada, como correlato del alto grado de la conciencia en la lucha revolucionaria, influenciada por la posibilidades de triunfo que había demostrado la revolución en Cuba de 1959.  En argentina la lucha de las organizaciones revolucionarias armadas se había desarrollado, en mayor medida, a partir de las puebladas semi-insurrecionales de 1969, contra la dictadura militar instaurada 3 años antes,  conocidas como el Cordobazo y Rosariazo, siendo estos dos centros urbanos con gran concentración obrera, popular y estudiantil.

104Hacia finales del año 1975 las consecuencias de la crisis mundial capitalista, impulsada por la crisis del petróleo dos años antes, se manifestaban en el orden local y acrecentaba la crisis política de las fuerzas de la reacción capitalista ante el ascenso de la movilización obrera y popular, y sus organizaciones políticas armadas. Luego de 7 años de dictadura militar  la apertura democrática de 1973, como salida negociada entre el Partido Militar con partidos y sindicatos burocráticos, llevó a que Héctor Cámpora se consagrara presidente con grandes expectativas populares. Pero pronto quedo hecho añicos la esperanza democrática con el viraje derechista producto del autogolpe que hizo renunciar al mismísimo Cámpora apenas 48 días después de asumir el gobierno. El regreso de Perón aceleró dichos planes, con la “Masacre de Ezeiza” de por medio, y pronto quedó al descubierto cuán lejos estaba la idea de que el regreso del gran líder era para realizar un programa revolucionario de liberación, sino más bien contener las fuerzas insurgentes y evitar la caída del Capitalismo en Argentina. La muerte del mismo Perón un año después, generó un vacío político que para controlar el continuo ascenso de la fuerzas insurgentes se acentuó la línea de acción de fuerzas para-estatales de represión clandestina como las tres A y lo Comandos de lúmpenes dirigidos por oficiales de las Fuerzas Armadas. La lucha contrainsurgente del gobierno peronista se termina de ir consolidando con cuatro decretos, firmados a los largo del año, por la vice-presidenta Isabel Martínez de Perón. El primer decreto de “aniquilamiento de la subversión” (Decreto 261/75) data del 5 de febrero de 1975.

Luego, a mediados del mismo año, la movilización obrera y popular había alcanzado gigantescas proporciones durante las jornadas de Junio y Julio en la que las bases obreras sobrepasaron a las conducciones sindicales burocráticas y desarrollaron históricas huelgas para enfrentar el ajuste del tristemente célebre Celestino Rodrigo, ministro de economía del Gobierno de Isabelita.

Es ahí donde el PRT analiza que la salida represiva es la variante más cercana que tiene la clase dominante Argentina y que cuenta con el apoyo del imperialismo para desarrollarlo. Por lo tanto, como se encuentra en los documentos internos y públicos del PRT-ERP realizan grandes esfuerzos por alcanzar una apertura democrática e impulsa alianzas y frentes para lograrlo. Pero en paralelo el PRT-ERP también realiza planes para preparar la resistencia, sobre todo desde una estrategia combinada que comprende los frentes de lucha urbana y rural. Para ello se desarrolla la idea de una gran operación para hacerse de un arsenal de armamento y fortalecer la ya asentada Compañía guerrillera del ERP en el monte tucumano y, en simultaneo, dar un golpe moral que atrasara los planes represivos del Partido Militar, a través de una operación sin precedentes a las fuerzas Armadas en el corazón del poder político de Argentina.

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De ese modo luego de meses de preparación y grandes dificultades, como la caída del prominente obrero revolucionario y comandante del ERP, Juan Eliseo Ledesma (Comandante Pedro, Jefe del Estado Mayor del ERP), se realiza la movilización de al menos 300 guerrilleras y guerrilleros que compondrían el Batallón “José de San Martín”, integrado por tres compañías de combatientes. La acción comprendía varias acciones de distracción y contención, ante lo que sería la respuesta de las fuerzas del Estado luego de ser alertada. Mientras, un grupo de más de 70 combatientes ingresarían al cuartel. La operación en general dejaría sentada un gran hito para las generaciones futuras de revolucionarios y revolucionarias, de osadía, coraje, firmeza y entrega a la causa de liberación de la humanidad.

Pero lamentablemente la operación no fue como se esperaba. Porque las fuerzas militares del Estado Argentino estaban en alerta, producto del trabajo de un lumpen obrero convertido, vía la extorsión y corrupción, en agente infiltrado del batallón de inteligencia del ejército opresor. De este modo, aunque no tenían precisiones de lugar y momento, conocían que había movilización de recursos y personal del ERP a la provincia y por lo tanto preventivamente habían realizado planes de defensa de sus cuarteles ante un posible ataque de las fuerzas insurgentes. Por lo que el factor sorpresa, vital en las acciones de lucha irregular, lo tenía la reacción y no las fuerzas revolucionarias. Por lo tanto, más allá que la mayoría de las acciones secundarias a la incursión en el cuartel fueron exitosas, la principal tuvo un costo altísimo en compañeros y compañeras caídas y sin lograr el objetivo principal. Esto significó un duro golpe para los planes revolucionarios, pero lejos estuvo de ser la acción que terminó con la experiencia del PRT-ERP, como tanta tinta se gastó en deslegitimar a esa generación por tener la osadía de tomar “el cielo por asalto”.

Es el deber de las generaciones presentes y futuras de luchadores y luchadoras sociales y políticos hacer los balances de aquella acción y comprender cada uno de los aspectos que impulsaron a nuestros padres y madres revolucionarios/as a tomar cada una de las decisiones. Pero en ningún momento debemos caer en la visión derrotista que el pacifismo burgués y reformista nos ofrece como visión de único camino y en el cuál no hay experiencia alguna que la confirme. Porque comprendemos que toda propuesta revolucionaria tiene que aprender en la práctica, y reflexión mediante, la ciencia y arte de hacer la revolución. Y en ese camino estaban la generación setentista del pueblo que soñaba con una sociedad distinta sin miseria ni hambre, ni explotadores ni explotados. Las razones por las que ese contingente revolucionario se lanzó al combate el 23 de diciembre, a las 19:45 horas, de 1975 siguen aún vigentes y están a la vista de todos y todas, sobre todo ahora que el capitalismo muestra nuevamente su verdadera cara: la guerra, el hambre y la explotación. Y aunque el camino actual sea distinto, siempre avanzaremos con el ejemplo moral y ético de aquellos héroes y heroínas de la batalla de Monte Chingolo. Su legado se mantiene vivo en la lucha obrera y popular presente y futura, hasta que triunfe verdaderamente la verdad, la memoria, la justicia y la igualdad.

Hoy somos sus continuadores!

monte chingolo

Caídos/as y Desaparecidos/as del Ataque a Monte Chingolo

Acevedo de Hiller, Adelina Filomena

Barbate, Daniel Roberto

Belluz, Juan Pedro

Benítez, Juan

Blanco, Francisco Javier

Boca Aragón, Hugo

Bonet, Carlos Lucas

Bruschtein Bonaparte, Aída Leonora

Bulit, Pascual Alejandro

Cejas, Roberto

Cinqualbe Logarzo, Carlos María

Colacelli, Horacio Fernando

Colautti, Hugo Francisco

Correa, Jorge Alberto

Crespo Rodríguez, Carlos José

Cuello, Francisco Esperito

De la Fuché

Delfino, Eduardo Alberto

Enatarriaga, Nelly

Escobar Bustos, Eduardo César

Fabián, Orlando

Finochiaro, Norma

Garbozo, Luis Alejandro

García, Ernesto

Gatto Rosenthal, Silvia Ana María

González Rodríguez, Ángel

Guanziroli, Tristán

Isaurraldi, Juana María

Islas Ibarra, Ismael

Lafuente, Mónica

Lasorba, Vicente

Lescano, Ana María

Liendo, Ana María

Lorenzo Rodríguez, Omar Juan

Machado, Carlos Alberto

Marabotto Figueroa, María Inés

Mastrogiovani, Alejandro

Menéndez, Luis

Mensi, Rubén Víctor

Monzón, Ismael Antonio

Mosqueira, Víctor

Oroño Delgado, Carlos Omar

Paredes, Cristóbal

Ragone, Ricardo

Ramos Berdaguer, Guillermo Pablo

Rinaldi, Nancy Alejandrina

Rivas, José Alfredo

Rivolta Bonino, Roberto José

Rizzo, Hugo Oscar

Salinas Mandiola, Guillermo Salvador

Salvador, Humberto Ángel

San Martín, Guillermo Horacio

Sánchez, Carmen Gloria

Sánchez, Miguel Ángel

Santa Cruz, Abel

Santucho, María del Valle

Schottenfeld Granik, Gastón Raimundo

Siba, Rodolfo

Sopena, Élida

Spoturno, Luis Alberto

Stanley, Carlos Horacio

Stegmayer, Roberto

Suárez, Carlos

Tauil, Enrique

Tisminetzky Kestelboim, Claudio Arturo

Valencia Stula, Juan Carlos

Vázquez Valdivia, Víctor

* Información proveniente de la Comisión de Familiares de Desaparecidos de Lanús, Daniel De Santis y el libro “Monte Chingolo” de Gustavo Plis-Sterenberg.

 

TRELEW- 46 AÑOS

24 Ago

A 46 años de la masacre de Trelew.
La memoria se construye luchando en el presente.
Con su bandera hasta la victoria
Ni olvido, ni perdón!
La Sangre derramada, Jamás será negociada!
Gloria a los heroes y heroinas de Trelew!

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Con varias pintadas en la ciudad de Rosario se sigue recordando a nuestros/as compañeros/s

TRELEW 46-TRELEW 46

En Trelew se realizó la histórica marcha al aeropuerto.

Captura

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