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Archive for 26 julio 2016

LECCIONES DE BATALLA

Las ideas de Santucho se abren paso en la militancia revolucionaria

 Por Luis Brunetto

Año tras año, el día en que la burguesía argentina celebra la eliminación de Mario Roberto Santucho, los herederos del reformismo morenista repiten los mismos cliches y las mismas mentiras sobre el líder revolucionario y su corriente. Y, año tras año, los que reivindicamos la continuidad de la tradición política del glorioso PRT- ERP, nos vemos obligados a responder al catálogo anual de anatemas cuyo contenido, por otra parte, nunca cambia. Por supuesto que el camino de la verdad se va desbrozando, y cada vez menos gente cree que Santucho era un extraterrestre que sacaba obreros de las fábricas para mandarlos a la guerrilla rural. Argumento falaz porque, al ser las fábricas el lugar fundamental de trabajo del PRT allí tenía su mayor desarrollo y era la cantera de militantes para muchas tareas que no se limitaban la lucha sindical. El caso emblemático es el de Juan Eliseo Ledesma, obrero de Fiat, que no fue delegado pero llegó a ser el Jefe del Estado Mayor de ERP.

Año tras año se hace más difícil, para los falsificadores, insistir con su versión tergiversada de la historia de los ´70. No por ello, sin embargo, dejan de insistir. Es que se trata de una tarea políticamente imprescindible para los que sólo participaron marginalmente del mayor auge revolucionario de nuestra historia: los herederos políticos de las corrientes que en aquellos años, ante el panorama imponente de las masas movilizadas en junio y julio del ´75, reclamaban la formación de un gobierno encabezado por un senador de “extracción sindical” lo cual, de no mediar la caída del Gobierno, significaba de la burocracia sindical, no pueden hoy más que inventar un pasado inexistente, que oculte su verdadera trayectoria, completamente desligada del proceso revolucionario real.

En esta oportunidad le ha tocado a Facundo Aguirre desde La izquierda diario lanzar el acostumbrado ataque contra la verdad histórica. Párrafo a párrafo, desordenadamente, y sin ningún hilo conductor, el sociólogo del PTS, hilvana la conocida lista de supuestos  errores políticos  cometidos por Santucho y su banda de locos. Por supuesto que la carencia de lógica del artículo no es un producto de la falta de talento del amigo Aguirre, sino de la tarea misma: como en aquella foto trucada por Stalin en que asoman los zapatos de Trotsky al lado de Lenin, la mentira tiene patas cortas… De todos modos trataremos de dar una respuesta ordenada, que de paso servirá para entender que cosa se está discutiendo.

Veamos: “El PRT-ERP rechazaba la autoorganización de las masas y la creación de organizaciones de combate surgidas de la lucha de clases para reemplazarlas por el ideal de una zona liberada que Santucho copiaba del general vietnamita Vo Nguyen Giap, líder de la lucha militar contra la ocupación francesa y norteamericana”. Acá se mezclan muchas cosas en una ensalada difícil de digerir. Primero, no se entiende como podría establecerse una zona liberada no surgida de la lucha de clases, o vaya a saber que entiende el PTS por lucha de clases. Segundo: es una afirmación que corre por exclusiva cuenta de Aguirre, y de la que no ofrece prueba alguna, que el establecimiento de una zona liberada implicara un rechazo por parte del PRT a “…la autoorganización de las masas y la creación de organizaciones de combate surgidas de la lucha de clases”.

Pero la mentira que subyace oculta en este párrafo es la de que “Santucho copiaba del general vietnamita Vo Nguyen Giap” la idea de una zona liberada. El sentido de esta falsedad es el de ocultar que el PRT histórico, antes de su división, era el autor de la idea de la combinación de la insurrección obrera y popular en las grandes ciudades con la conformación de una zona liberada en el norte obrero y campesino: esa era la estrategia de poder del PRT desde su fundación en 1965. Fue el abandono por parte de Nahuel Moreno de esta idea fundacional del PRT la que abrió la crisis que llevaría a la división. La corriente liderada por Santucho no hizo más que promover la puesta en práctica de tal estrategia, expresada en la construcción del Ejército Revolucionario del Pueblo, y eso determinó la ruptura de Moreno.

Ahora bien, a finales de los ´60: ¿la puesta en práctica de esta estrategia era prematura, las masas no la comprendían, se trataba de un capricho de Santucho y su banda de locos? En parte, el propio Aguirre ofrece la respuesta: para Santucho, según él, “el Cordobazo había encendido la mecha de la guerra revolucionaria”. En realidad, el planteo de Santucho se desarrolla  en el contexto de la insurrección de las masas contra el onganiato, de la cuál el Cordobazo del ´69 marca el pico más elevado. Pero, en concreto, su planteo era la expresión política de la presión sobre el Partido de la clase obrera azucarera  tucumana. Los obreros tucumanos habían atravesado la experiencia peronista con un sentido clasista muy marcado desde los inicios del propio peronismo, y la habían llevado hasta el límite. De la experiencia del Bloque de diputados obreros de Acción Provinciana, cuyas leyes de control obrero en la industria azucarera fueron anuladas por el onganiato, y de la derrota de las grandes huelgas con las que lo enfrentaron, habían sacado la conclusión de la necesidad de desarrollar la lucha armada. ¿Cómo se explica sino que el principal exponente de esa experiencia, el diputado obrero Leandro Fote, haya acompañado a la tendencia de Santucho, al igual que Antonio “el negrito” Fernández y la casi totalidad de los dirigentes de la FOTIA que eran miembros del PRT, y no al PRT- La Verdad de Moreno?

Sigamos: “era necesario construir un ejército guerrillero para enfrentar a las Fuerzas Armadas y el imperialismo y constituir un Frente de Liberación Nacional”. Pero la verdad es que el PRT planteaba un Frente de Liberación Nacional… ¡y Social! ¿Es casual esta omisión de Aguirre? ¡No! ¡Es clave sacar la palabrita para hacer encajar al PRT- ERP en el formato de fuerza antiimperialista, no socialista, etapista, alejada de las masas obreras, reformista, etc., etc.! En todo el artículo aparece repetidas veces mencionado el Frente de Liberación Nacional, pero nunca Social…

Y esta amputación no casual del carácter del Frente promovido por el PRT, permite al autor jugar con los hechos, las fechas y los contextos. Así, señala que “el PRT-ERP creyó que las huelgas de junio y julio de 1975, cuando la clase obrera enfrentaba a un gobierno peronista y disputaba el poder de la fábrica al patrón, que había que hacer un frente de conciliación de clases alrededor del Partido Comunista (que planteaba gabinete cívico-militar para sostener a Isabel Perón) y Montoneros (que planteaba la reconstrucción del programa nacionalista burgués del FreJuLi)”. Erróneo y falso: Erróneo, porque la clase obrera no le disputaba el poder al patrón, sino que ya había superado la etapa meramente economicista y le disputaba el poder a la clase capitalista. Falso, porque el PRT planteó el llamado a Asamblea Constituyente Libre y Soberana como salida política a las jornadas de junio y julio, posición evidentemente a la izquierda de las mencionadas por Aguirre, pero también a la izquierda del morenismo (formación de un gobierno encabezado por un senador de “extracción sindical”). En cuanto al frente con el PC y Montoneros, la línea de Santucho responde a una política que choca frontalmente con la concepción sectaria y aislacionista del PTS. El PRT no proponía marchar detrás de Montoneros y el PC hacia la política del frente con la burguesía sino que, por su fuerza militante y arraigo en la masa, se sentía fuerte como para atraer a esas fuerzas hacia el Frente de Liberación Nacional y Social –de allí la omisión intencionada de Aguirre[1]-. Aquí se encuentra el eje de dos políticas y dos balances opuestos sobre aquella situación revolucionaria. El PRT había logrado encabezar a los sectores más dinámicos de la clase obrera industrial, sus militantes fabriles estuvieron al frente de todas las columnas obreras del Gran Buenos Aires, Córdoba y Rosario. Logrado ese éxito, que incluyó la derrota del Gobierno del peronismo burgués y burocrático, intentaba ampliar esa movilización e influencia hacia el conjunto de la clase obrera y de los sectores intermedios de la sociedad, uniendo la lucha reivindicativa con la lucha democrática. Para ello se proponía una amplia política de alianzas para que el proletariado revolucionario no marchara sólo al enfrentamiento con la clase capitalista. El PRT y el conjunto del movimiento revolucionario no lograron esta necesaria amplia alianza, debido a la cuña metida entre la vanguardia obrera y el conjunto de las masas, por la política del acuerdo Perón-Lanusse. En esto último hay que profundizar para encontrar respuestas a la posterior derrota revolucionaria y no en la política hacia la vanguardia que, como vimos, fue completamente exitosa. En la actualidad, la propuesta del PTS, de ser exitosa, tendría el mismo efecto que aquella maniobra burguesa, de Perón y Lanusse, asegurando de antemano el aislamiento y la derrota de la clase obrera y del pueblo.

Pero las palmas en este campeonato de la tergiversación se las lleva la frase siguiente: “La concepción teórico-política del PRT-ERP planteaba (…) la emergencia de un gobierno de frente popular, de conciliación de clases, que representara la unidad antiimperialista restaurando en el terreno de una izquierda que se reclama heredera del pensamiento y la acción de Ernesto “Che” Guevara, la revolución por etapas y la conciliación con fracciones de la burguesía que el revolucionario argentino-cubano condenaba violentamente”. Es cierto que el texto es un poco indescifrable pero hagamos el esfuerzo de recordar que no es falta de talento, sino la necesidad de tergiversar la que lleva a formular esta adivinanza. Veamos: el PRT planteaba la revolución antiimperialista y socialista latinoamericana, sostenía el carácter permanente y no etapista del proceso revolucionario y la idea de la necesidad de la dirección de la clase obrera industrial. La falsedad del argumento de Aguirre es evidente: el PRT- ERP criticó desde el principio, y en forma más clara y contundente que cualquier otra agrupación de la izquierda del momento, las ilusiones en el gobierno del FREJULI, y planteó ya desde el gobierno de Cámpora el carácter utópico de los proyectos seguidistas del peronismo. En las editoriales de Santucho en la prensa partidaria y en la línea política del Partido en general, esta cuestión era fundamental.

La mención al Che merece un párrafo aparte. El PTS no es guevarista, pero sí es oportunista. Sabe del prestigio del Che ante las masas y no se atreve a polemizar abiertamente con sus ideas y su acción. El PTS piensa del Che exactamente lo mismo que piensa de Santucho, sólo que es más conveniente invocar al más grande revolucionario de la segunda mitad del Siglo XX que criticarlo. ¿Qué opina el PTS de la campaña boliviana del Che? ¿O no piensan que el Che se equivocó al esperar el apoyo del PC, sometiéndose al planteo etapista de Monge y compañía? ¿O qué estaba aislado de la clase obrera y toda la serie de argumentos ad hoc? ¿Y que diferencia hay entre estos argumentos y los que se usan contra Santucho y el PRT? Ninguna…

A estos planteos más o menos conceptuales se suman afirmaciones puramente subjetivas. Algunas son completamente contradictorias: “El PRT-ERP logró gran inserción en fábricas, barrios y universidades, pero su eje no va a ser la organización obrera independiente sino la construcción del ejército guerrillero y la lucha militar contra las FF.AA”. El PRT logró gran inserción en las fábricas, pero ese no era el eje de su actividad. La inserción cayó del cielo, etc., etc. Y así…

Esos planteos reduccionistas se deben a la pobreza conceptual del PTS. Para sus dirigentes es incomprensible que para el PRT “su eje” tuviera más de una arista. Para el PRT la tarea principal era la construcción del partido marxista-leninista, el lugar fundamental de esa construcción se hacía en la clase obrera industrial de las grandes fábricas, y la forma fundamental de lucha, en esa etapa, era la militar con carácter ofensivo, en la que combinaba las insurrecciones parciales, la insurrección general de todo el pueblo, con la formación de un ejército regular de base guerrillera comenzando por la lucha irregular en la ciudades y en las zonas rurales.

¿Habrá que esperar al año que viene para ver si los amigos del PTS encuentran algún argumento nuevo en el reservorio de falsificaciones al que nos tienen acostumbrados? O si, por fin, se rinden ante los hechos y ajustan definitivamente las cuentas con su pasado morenista, en lugar de andar buscando la paja en el ojo ajeno.

[1] El PTS necesita hacer esa omisión porque concibe como políticas de alianzas de la clase obrera a el frente popular y el frente de izquierda, y en esa dualidad no cabe otra concepción que está por fuera y es diversa como es la propuesta del frente de liberación nacional y social, como corresponde a un país de capitalismo de desarrollo desigual, deformado y dependiente del imperialismo.

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santucho-vive-960x460Hace 40 años moría en combate, contra fuerzas del Ejército, Mario Roberto Santucho. De una trayectoria revolucionaria comparable con la del Che Guevara, luchó y murió por los pobres hasta convertirse en el líder de la revolución que estaba desarrollándose en nuestra Patria. Había nacido en Santiago del Estero en 1936. Desde muy joven comprendió que las injusticias que sufría el pueblo provenían de la explotación que los capitalistas someten a los trabajadores y a las trabajadoras.
Tenía una gran firmeza de carácter que le permitió enfrentar el poder de los grandes capitalistas, explotadores del pueblo y causante de sus miserias y privaciones, y a las fuerzas militares que defienden esa explotación. Esa determinación lo llevó a ser el fundador y principal dirigente del mayor partido de la clase obrera en nuestro país: el Partido Revolucionario de los Trabajadores.
En 1969, tras el estallido social conocido como el Cordobazo, el PRT comprendió que el pueblo que se había despertado para derrotar a la dictadura de Onganía, necesitaba de una herramienta capaz de defender hasta las últimas consecuencias las ideas de un pueblo que quería vivir bien y tomaba conciencia de que ningún partido político que no fuera del pueblo trabajador (y mucho menos una dictadura) iba a pelear por ellos. Así surge el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), del cual Mario Roberto Santucho fue, por su inteligencia, su coraje y su temple, el Comandante Jefe.
Sin embargo, y tal como lo expresara el propio Santucho en las editoriales del periódico del Partido, la caída de la dictadura no instalaría un gobierno revolucionario de inmediato, sino que llegaría un gobierno del peronismo burgués que buscaría conciliar a los sectores que viven de su trabajo con sus propios explotadores. Y Santucho no se equivocó.
Pero un pueblo que ha despertado es difícil de dominar y, tras la caída del tercer gobierno peronista, asomó la feroz dictadura genocida y contrarrevolucionaria que eliminó a fuerza de masacres y torturas, las esperanzas de un pueblo que empezaba a luchar por el socialismo.
Como correspondía a un jefe consecuente, Santucho inmediatamente se puso al frente de la organización de la resistencia, y fue en ese puesto de combate que cayó luchando el 19 de julio de 1976. Junto a él también cayeron en combate o fueron desaparecidos Benito Urteaga, Domingo Menna, Liliana Delfino, Fernando Gertel y Ana Lanzilloto todos dirigentes del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). En los años que siguieron, la derrota revolucionaria facilitó el aumento de la explotación a los trabajadores y se extendió la pobreza entre nuestro pueblo.
Pero el carácter terrorista y genocida de la Dictadura sólo se explica porque los capitalistas entraron en pánico por el temor de perder sus privilegios. El pueblo fue castigado por haber luchado por sus propios intereses sin seguir a ningún sector de la clase dominante y sus partidos. Por haber iniciado la construcción de su propio Partido y de sus propias organizaciones sindicales y sociales.
Esto último explica por qué durante años se ha ocultado a las nuevas generaciones la historia del PRT, del ERP y de su máximo dirigente Mario Roberto Santucho. Para que nunca el pueblo trabajador desarrolle su propia política y continúe teniendo expectativas en dirigentes capitalistas como Macri o Cristina.
Muy por el contrario, para quienes seguimos el ejemplo del “Roby” la política se basa en la hermandad, el compañerismo y la solidaridad entre los trabajadores y las trabajadoras, que son los principios del socialismo. Y como somos vigilantes de esa solidaridad y honestidad, en nuestras filas no se alinean los que quieren enriquecerse a costa del pueblo. Y en esta concepción también Santucho fue guía de aquella generación de revolucionarios cuyos valores estaba tomando gran parte de la clase trabajadora.
Desde la Rebelión del 2001 que las fuerzas guevaristas o santuchistas nos venimos reorganizando. Llamamos a nuestra clase trabajadora y a nuestro pueblo a rodearlas con su solidaridad e incrementarlas con el aporte solidario y militante de sus hijos más abnegados y honestos.
Santucho vivirá si sus enseñanzas y sus valores se asientan cada día más en amplios sectores del pueblo trabajador. Porque si en el presente luchamos y somos capaces de derrotar el egoísmo, hoy representado por Macri y sus bandoleros, seguramente el futuro será de los trabajadores y el pueblo.

¡Llamamos al pueblo trabajador a engrosar las filas del guevarismo!

¡Vivan Santucho y sus compañeros!

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POR LA SEGUNDA, VERDADERA Y DEFINITIVA INDEPENDENCIA

POR LA SEGUNDA, VERDADERA Y DEFINITIVA INDEPENDENCIA

Un repaso por momentos claves de la historia, para entender por qué aún hoy peleamos por la independencia.

I

El 25 de mayo de 1810 había comenzado la Revolución en el Río de la Plata como parte de la Revolución en toda la América española, promovida principalmente por el ala jacobina de los patriotas y habiendo despertado la movilización de las masas de gauchos, indios y negros. La Revolución se continuó en la guerra de independencia contra la Corona española pero la oligarquía criolla de las Provincias Unidas del Río de la Plata (que hoy son Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay) se oponían a una formal pero imprescindible declaración de “independencia de España y de toda otra dominación extranjera”, no tanto por la restauración realista y feudal en Europa como por el temor a la movilización de las bases del pueblo.

Por eso para la declaración de la independencia de 1816 fue determinante el aislamiento porteño. El Directorio que ejercía como Poder Ejecutivo de las Provincias Unidas, se encontraba aislado, rodeado militarmente por el ejército sanmartiniano que se preparaba a cruzar los Andes, por las milicias gauchas de Güemes que defendían la frontera norte y por el artiguismo que, desde la Liga de los Pueblos Libres, controlaba la Banda Oriental, el litoral, Santa Fe y Córdoba.

El poder de Artigas y Güemes se apoyaba en el gauchaje movilizado y armado, y sus proyectos políticos, como la entrega de tierras a los gauchos, indios y negros eran enormemente peligrosos para la clase que había sido la principal beneficiaria de la ruptura con España: la burguesía comercial y terrateniente bonaerense. La Liga había ya declarado la independencia en el Congreso de Arroyo de la China, casi un año antes de la declaración de Tucumán. Güemes representaba el poder decisivo en el norte, en abierto conflicto con la oligarquía terrateniente. En Cuyo, San Martín financiaba el Ejército de los Andes con impuestos que gravaban las grandes fortunas y confiscaba las tierras de los emigrados españoles.

En ese contexto es que sesionó el Congreso desde marzo de 1816. No había margen para dilatar la declaración. La voluntad de emancipación de los pueblos rioplatenses era inequívoca. Los diputados porteños eran prácticamente los únicos que no tenían mandato respecto a la independencia, pero estaban en absoluta minoría frente a las representaciones de las demás provincias: las de Cuyo bajo influencia de San Martín, Salta dirigida por Güemes, Córdoba afín al artiguismo, Santiago y Jujuy furiosamente antiporteñas. La propia elección de Tucumán como sede del Congreso prueba el desprestigio que sufría entonces Buenos Aires.

De este modo, en el Congreso de 1816 se resolvió nuestra independencia política pero, paradójicamente, no se sentaron las bases de una Nación independiente. Más aún: de aquel Congreso, ya trasladado a Buenos Aires, surgió la Constitución elitista de 1819. El rechazo de las masas de Buenos Aires y las provincias a ese engendro abriría el camino a las guerras civiles que desgarraron al país hasta 1862. Entonces, luego de la deserción de Urquiza en Pavón, las burguesías de Buenos Aires y el interior sellarían el pacto que estabilizaría definitivamente su dominio sobe el país.

II

¿Por qué nuestra Nación no es independiente, después de 200 años de haberse declarado como tal? Rastreando en los orígenes de nuestra existencia como estado independiente lo que encontramos es que nuestra clase dominante se constituyó como resultado de la lucha entre la burguesía agrocomercial bonaerense y las antiguas oligarquías de las provincias, tal era el contenido y la base social de las luchas entre unitarios y federales. La dirección del nuevo país, con el fin de sacar la mejor tajada propia, construía un vínculo semicolonial con la por entonces principal potencia mundial: Inglaterra. Las masas campesinas y el gauchaje de peones y pequeños productores rurales, jugaron en ese proceso un papel subordinado: movilizados forzosamente por los ejércitos regulares para aplastar al interior, o resistiéndolos desde las montoneras dirigidas por caudillos surgidos de la misma oligarquía, no podían conquistar la dirección de la lucha e imprimir otro contenido y otro programa al país.

La declaración de la independencia fue tal vez la última gran concesión hecha a las masas campesinas, inevitable por el contexto de una Buenos Aires rodeada por Artigas y Güemes, por el ejército sanmartiniano dirigido por un militar de carrera que, sin embargo, promovía una política que chocaba con el interés de los ricos, y por un Paraguay, independiente desde 1811, que se desarrollaba de manera pujante bajo la dirección de Gaspar Francia. Derrotada esta primera generación de caudillos y quitado el General San Martín -ocupado en su campaña americana- del centro de la escena, las masas ya no encontrarían quién exprese los únicos intereses sobre los cuales podía apoyarse la verdadera independencia nacional. Salvo algunas excepciones, los nuevos caudillos, de Dorrego a Rosas, de Quiroga a Urquiza, ya no serían otra cosa que exponentes del interés de su clase puesto por encima del interés nacional.

III

En los doscientos siguientes años asistimos a verdaderas batallas por la segunda independencia y por la revolución social en las décadas de 1960 y 1970, época en que Mariano Moreno, Juan José Castelli y el gauchaje, encontraron su continuidad en Mario Roberto Santucho y las luchas del pueblo trabajador que tuvieron un programa y una construcción política que hicieron peligrar el poder de la clase de los capitalistas. Después, seguimos siendo testigos impotentes de los rapaces conflictos entre los que nos mandan. Luego de la rebelión del 2001, usurpando las banderas de ese momento histórico, el kirchnerismo amagó con la construcción de un “país normal”, con enfrentar a las patronales agrarias para luego capitular frente a ellas, con asaltar el poder mediático sin tocar las bases económicas en que ese poder se apoya, con crear otra burguesía nacional que nos liberara del imperialismo. Finalmente quedó en evidencia que ese proyecto, lejos de encaminarse hacia la liberación del país, había usado esa retórica como pretexto para enriquecer a un puñado de nuevos burgueses. Y, avanzando varios pasos hacia la entrega total de la soberanía, el Virrey Mauricio invitó al Rey de España a la celebración de los 200 años de independencia.

Al fin y al cabo, así como la declaración de 1816 fue una concesión a las masas, el kirchnerismo también lo fue. Las masas que consumaron en el 2001 la derrota del plan neoliberal aunque no fueron capaces de consolidar una alternativa política propia, no podían sin embargo ser gobernadas por ninguna fracción que representara la continuidad de aquel plan.

Pero el proyecto kirchnerista no podía cumplir con el programa que él mismo proclamaba, porque no estaba dispuesto a poner en manos del pueblo trabajador la dirección del país, su límite era el capitalismo y ninguna sociedad capitalista puede ser dirigida por las masas trabajadoras sin chocar con su propio funcionamiento. Por eso fracasó, y su fracaso abrió la puerta al único proyecto capitalista posible que es el que expresa Macri, y que implica la consolidación de las cadenas de nuestra opresión nacional.

Hoy, como hace 200 años, la verdadera independencia del país sólo se encuentra en el interés del pueblo. El sueño de Moreno y Artigas, de Güemes y San Martín sólo puede ser modelado por las manos de las mujeres y los hombres trabajadores, unidos por abajo sin la tutela de ninguna fracción de las clases dominantes. Los productores de la riqueza y constructores del nuevo mundo mediante la unión del pueblo son los destinados a realizar la segunda, verdadera y definitiva independencia.

LOGOS FUG

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