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santucho-vive-960x460Hace 40 años moría en combate, contra fuerzas del Ejército, Mario Roberto Santucho. De una trayectoria revolucionaria comparable con la del Che Guevara, luchó y murió por los pobres hasta convertirse en el líder de la revolución que estaba desarrollándose en nuestra Patria. Había nacido en Santiago del Estero en 1936. Desde muy joven comprendió que las injusticias que sufría el pueblo provenían de la explotación que los capitalistas someten a los trabajadores y a las trabajadoras.
Tenía una gran firmeza de carácter que le permitió enfrentar el poder de los grandes capitalistas, explotadores del pueblo y causante de sus miserias y privaciones, y a las fuerzas militares que defienden esa explotación. Esa determinación lo llevó a ser el fundador y principal dirigente del mayor partido de la clase obrera en nuestro país: el Partido Revolucionario de los Trabajadores.
En 1969, tras el estallido social conocido como el Cordobazo, el PRT comprendió que el pueblo que se había despertado para derrotar a la dictadura de Onganía, necesitaba de una herramienta capaz de defender hasta las últimas consecuencias las ideas de un pueblo que quería vivir bien y tomaba conciencia de que ningún partido político que no fuera del pueblo trabajador (y mucho menos una dictadura) iba a pelear por ellos. Así surge el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), del cual Mario Roberto Santucho fue, por su inteligencia, su coraje y su temple, el Comandante Jefe.
Sin embargo, y tal como lo expresara el propio Santucho en las editoriales del periódico del Partido, la caída de la dictadura no instalaría un gobierno revolucionario de inmediato, sino que llegaría un gobierno del peronismo burgués que buscaría conciliar a los sectores que viven de su trabajo con sus propios explotadores. Y Santucho no se equivocó.
Pero un pueblo que ha despertado es difícil de dominar y, tras la caída del tercer gobierno peronista, asomó la feroz dictadura genocida y contrarrevolucionaria que eliminó a fuerza de masacres y torturas, las esperanzas de un pueblo que empezaba a luchar por el socialismo.
Como correspondía a un jefe consecuente, Santucho inmediatamente se puso al frente de la organización de la resistencia, y fue en ese puesto de combate que cayó luchando el 19 de julio de 1976. Junto a él también cayeron en combate o fueron desaparecidos Benito Urteaga, Domingo Menna, Liliana Delfino, Fernando Gertel y Ana Lanzilloto todos dirigentes del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). En los años que siguieron, la derrota revolucionaria facilitó el aumento de la explotación a los trabajadores y se extendió la pobreza entre nuestro pueblo.
Pero el carácter terrorista y genocida de la Dictadura sólo se explica porque los capitalistas entraron en pánico por el temor de perder sus privilegios. El pueblo fue castigado por haber luchado por sus propios intereses sin seguir a ningún sector de la clase dominante y sus partidos. Por haber iniciado la construcción de su propio Partido y de sus propias organizaciones sindicales y sociales.
Esto último explica por qué durante años se ha ocultado a las nuevas generaciones la historia del PRT, del ERP y de su máximo dirigente Mario Roberto Santucho. Para que nunca el pueblo trabajador desarrolle su propia política y continúe teniendo expectativas en dirigentes capitalistas como Macri o Cristina.
Muy por el contrario, para quienes seguimos el ejemplo del “Roby” la política se basa en la hermandad, el compañerismo y la solidaridad entre los trabajadores y las trabajadoras, que son los principios del socialismo. Y como somos vigilantes de esa solidaridad y honestidad, en nuestras filas no se alinean los que quieren enriquecerse a costa del pueblo. Y en esta concepción también Santucho fue guía de aquella generación de revolucionarios cuyos valores estaba tomando gran parte de la clase trabajadora.
Desde la Rebelión del 2001 que las fuerzas guevaristas o santuchistas nos venimos reorganizando. Llamamos a nuestra clase trabajadora y a nuestro pueblo a rodearlas con su solidaridad e incrementarlas con el aporte solidario y militante de sus hijos más abnegados y honestos.
Santucho vivirá si sus enseñanzas y sus valores se asientan cada día más en amplios sectores del pueblo trabajador. Porque si en el presente luchamos y somos capaces de derrotar el egoísmo, hoy representado por Macri y sus bandoleros, seguramente el futuro será de los trabajadores y el pueblo.

¡Llamamos al pueblo trabajador a engrosar las filas del guevarismo!

¡Vivan Santucho y sus compañeros!

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POR LA SEGUNDA, VERDADERA Y DEFINITIVA INDEPENDENCIA

POR LA SEGUNDA, VERDADERA Y DEFINITIVA INDEPENDENCIA

Un repaso por momentos claves de la historia, para entender por qué aún hoy peleamos por la independencia.

I

El 25 de mayo de 1810 había comenzado la Revolución en el Río de la Plata como parte de la Revolución en toda la América española, promovida principalmente por el ala jacobina de los patriotas y habiendo despertado la movilización de las masas de gauchos, indios y negros. La Revolución se continuó en la guerra de independencia contra la Corona española pero la oligarquía criolla de las Provincias Unidas del Río de la Plata (que hoy son Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay) se oponían a una formal pero imprescindible declaración de “independencia de España y de toda otra dominación extranjera”, no tanto por la restauración realista y feudal en Europa como por el temor a la movilización de las bases del pueblo.

Por eso para la declaración de la independencia de 1816 fue determinante el aislamiento porteño. El Directorio que ejercía como Poder Ejecutivo de las Provincias Unidas, se encontraba aislado, rodeado militarmente por el ejército sanmartiniano que se preparaba a cruzar los Andes, por las milicias gauchas de Güemes que defendían la frontera norte y por el artiguismo que, desde la Liga de los Pueblos Libres, controlaba la Banda Oriental, el litoral, Santa Fe y Córdoba.

El poder de Artigas y Güemes se apoyaba en el gauchaje movilizado y armado, y sus proyectos políticos, como la entrega de tierras a los gauchos, indios y negros eran enormemente peligrosos para la clase que había sido la principal beneficiaria de la ruptura con España: la burguesía comercial y terrateniente bonaerense. La Liga había ya declarado la independencia en el Congreso de Arroyo de la China, casi un año antes de la declaración de Tucumán. Güemes representaba el poder decisivo en el norte, en abierto conflicto con la oligarquía terrateniente. En Cuyo, San Martín financiaba el Ejército de los Andes con impuestos que gravaban las grandes fortunas y confiscaba las tierras de los emigrados españoles.

En ese contexto es que sesionó el Congreso desde marzo de 1816. No había margen para dilatar la declaración. La voluntad de emancipación de los pueblos rioplatenses era inequívoca. Los diputados porteños eran prácticamente los únicos que no tenían mandato respecto a la independencia, pero estaban en absoluta minoría frente a las representaciones de las demás provincias: las de Cuyo bajo influencia de San Martín, Salta dirigida por Güemes, Córdoba afín al artiguismo, Santiago y Jujuy furiosamente antiporteñas. La propia elección de Tucumán como sede del Congreso prueba el desprestigio que sufría entonces Buenos Aires.

De este modo, en el Congreso de 1816 se resolvió nuestra independencia política pero, paradójicamente, no se sentaron las bases de una Nación independiente. Más aún: de aquel Congreso, ya trasladado a Buenos Aires, surgió la Constitución elitista de 1819. El rechazo de las masas de Buenos Aires y las provincias a ese engendro abriría el camino a las guerras civiles que desgarraron al país hasta 1862. Entonces, luego de la deserción de Urquiza en Pavón, las burguesías de Buenos Aires y el interior sellarían el pacto que estabilizaría definitivamente su dominio sobe el país.

II

¿Por qué nuestra Nación no es independiente, después de 200 años de haberse declarado como tal? Rastreando en los orígenes de nuestra existencia como estado independiente lo que encontramos es que nuestra clase dominante se constituyó como resultado de la lucha entre la burguesía agrocomercial bonaerense y las antiguas oligarquías de las provincias, tal era el contenido y la base social de las luchas entre unitarios y federales. La dirección del nuevo país, con el fin de sacar la mejor tajada propia, construía un vínculo semicolonial con la por entonces principal potencia mundial: Inglaterra. Las masas campesinas y el gauchaje de peones y pequeños productores rurales, jugaron en ese proceso un papel subordinado: movilizados forzosamente por los ejércitos regulares para aplastar al interior, o resistiéndolos desde las montoneras dirigidas por caudillos surgidos de la misma oligarquía, no podían conquistar la dirección de la lucha e imprimir otro contenido y otro programa al país.

La declaración de la independencia fue tal vez la última gran concesión hecha a las masas campesinas, inevitable por el contexto de una Buenos Aires rodeada por Artigas y Güemes, por el ejército sanmartiniano dirigido por un militar de carrera que, sin embargo, promovía una política que chocaba con el interés de los ricos, y por un Paraguay, independiente desde 1811, que se desarrollaba de manera pujante bajo la dirección de Gaspar Francia. Derrotada esta primera generación de caudillos y quitado el General San Martín -ocupado en su campaña americana- del centro de la escena, las masas ya no encontrarían quién exprese los únicos intereses sobre los cuales podía apoyarse la verdadera independencia nacional. Salvo algunas excepciones, los nuevos caudillos, de Dorrego a Rosas, de Quiroga a Urquiza, ya no serían otra cosa que exponentes del interés de su clase puesto por encima del interés nacional.

III

En los doscientos siguientes años asistimos a verdaderas batallas por la segunda independencia y por la revolución social en las décadas de 1960 y 1970, época en que Mariano Moreno, Juan José Castelli y el gauchaje, encontraron su continuidad en Mario Roberto Santucho y las luchas del pueblo trabajador que tuvieron un programa y una construcción política que hicieron peligrar el poder de la clase de los capitalistas. Después, seguimos siendo testigos impotentes de los rapaces conflictos entre los que nos mandan. Luego de la rebelión del 2001, usurpando las banderas de ese momento histórico, el kirchnerismo amagó con la construcción de un “país normal”, con enfrentar a las patronales agrarias para luego capitular frente a ellas, con asaltar el poder mediático sin tocar las bases económicas en que ese poder se apoya, con crear otra burguesía nacional que nos liberara del imperialismo. Finalmente quedó en evidencia que ese proyecto, lejos de encaminarse hacia la liberación del país, había usado esa retórica como pretexto para enriquecer a un puñado de nuevos burgueses. Y, avanzando varios pasos hacia la entrega total de la soberanía, el Virrey Mauricio invitó al Rey de España a la celebración de los 200 años de independencia.

Al fin y al cabo, así como la declaración de 1816 fue una concesión a las masas, el kirchnerismo también lo fue. Las masas que consumaron en el 2001 la derrota del plan neoliberal aunque no fueron capaces de consolidar una alternativa política propia, no podían sin embargo ser gobernadas por ninguna fracción que representara la continuidad de aquel plan.

Pero el proyecto kirchnerista no podía cumplir con el programa que él mismo proclamaba, porque no estaba dispuesto a poner en manos del pueblo trabajador la dirección del país, su límite era el capitalismo y ninguna sociedad capitalista puede ser dirigida por las masas trabajadoras sin chocar con su propio funcionamiento. Por eso fracasó, y su fracaso abrió la puerta al único proyecto capitalista posible que es el que expresa Macri, y que implica la consolidación de las cadenas de nuestra opresión nacional.

Hoy, como hace 200 años, la verdadera independencia del país sólo se encuentra en el interés del pueblo. El sueño de Moreno y Artigas, de Güemes y San Martín sólo puede ser modelado por las manos de las mujeres y los hombres trabajadores, unidos por abajo sin la tutela de ninguna fracción de las clases dominantes. Los productores de la riqueza y constructores del nuevo mundo mediante la unión del pueblo son los destinados a realizar la segunda, verdadera y definitiva independencia.

LOGOS FUG

Sus ojos penetraron el futuro, por eso las armas del capitalismo desgarraron su carne. Sus ideas, claras y simples, profundizaron el porqué del ser humano, sus necesidades, su incansable trajín hacia el hombre nuevo… ese que aún espera en los albores de la libertad y de la justicia.
El Che Guevara luchó por la liberación de los pueblos, como por la de los individuos que conforman dichas sociedades. Para que eso sea posible, se hace necesaria la organización política de los pueblos en la construcción del socialismo, elaborado por hombres y mujeres que creen y necesitan la urgente destrucción del concepto inhumano de que el hombre es el lobo del hombre.
Debemos unir nuestro deseo de ser cada día mejores hombres y mujeres, con el deseo inclaudicable de ser libres como pueblos.

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El jueves 9 de junio se conoció un fallo de la Sala III de la Cámara de Casación Penal encabezada por los jueces Eduardo Riggi y Liliana Catucci en el que se anuló la sentencia dictada en 2013 por el Tribunal Oral Federal de Catamarca y confirmada por la Cámara Federal de Tucumán, en la que se condenaba a prisión perpetua a los responsables de la conocida “Masacre de la Capilla del Rosario”.
El 12 de agosto de 1974, 14 compañeros de nuestro PRT-ERP fueron fusilados luego de entregarse con las manos en alto y sin posibilidades de defensa en el paraje conocido como Capilla del Rosario. Dos días antes, mientras realizaban los preparativos para tomar el Regimiento 17 de Infantería Aerotransporta, los 47 militantes que integraban la Compañía de Monte Ramón Rosa Giménez del ERP habían sido detectados y reprimidos por la policía de Catamarca. En este enfrentamiento murieron dos combatientes y, como consecuencia del mismo, el grupo se dividió en tres, el más numeroso regresó a su base de Tucumán, otro fue detenido en la ciudad y el tercero integrado por los 14 fue rodeado, se produjo un breve enfrentamiento y, al quedarse sin posibilidades de defensa, se rindieron situación en la que fueron masacrados, ya que ni siquiera se trató de un fusilamiento ilegal.
El fallo de la Sala III niega que los militantes hayan sido “fusilados”, como se estableció en el juicio, desconociendo una verdad histórica irrefutable, así como también el testimonio que los compañeros brindaron en el juicio.
La importancia de la sentencia residía en el reconocimiento por parte de la justicia que la política de exterminio y represión sistemática al pueblo y sus organizaciones revolucionarias no comenzó en 1976 con el Golpe cívico-militar contrarrevolucionario, sino que se había empezado a implementar en pleno gobierno peronista, tanto a través del ejercito, la policía y la legislación represiva, como a través de la formación de organizaciones para-policiales (Triple A, Concertación Nacional Universitaria, Juventud Sindical Peronista, Comando Libertadores de América).
La “Masacre de Capilla del Rosario” fue una muestra cabal del nivel de ensañamiento de clases dominantes de nuestro país con los revolucionarios, los trabajadores y el pueblo. Dos años después de la “Masacre de Trelew”, en la que la dictadura de Lanusse había fusilado a sangre fría a 19 compañeros y compañeras, el ejército volvía a derramar sangre de combatientes revolucionarios, ahora bajo un gobierno “democrático”. ¿Cuál era el motivo? De Trelew a Catamarca el pueblo había ascendido un camino de luchas y avanzaba decididamente hacia la revolución socialista. El PRT-ERP jugó en ese proceso un papel central, transformándose en una de las organizaciones revolucionarias más importante de la época, que se atrevía a denunciar la política anti pueblo y el papel contrarrevolucionario que venía cumpliendo el gobierno peronista, algo que le valió el calificativo de principal enemigo de los capitalistas.
Entre los compañeros fusilados se encontraba Antonio Enrique del Carmen Fernández, “El Negrito”, obrero azucarero y miembro del Buró Político del PRT, uno de los más destacados revolucionarios que parió nuestro pueblo. De origen humilde, se había visto obligado a dejar la escuela en segundo grado. Según sus compañeros, luego de la incorporación al Partido, había aprendido a leer por su propia cuenta con los textos Marx y Lenin, “ayudándose pacientemente con un diccionario”. De carácter decidido y valiente estuvo en la primera fila de diversas responsabilidades en el frente sindical, político y militar. La acción cobarde de las fuerzas fusiladoras arrancaban un gran dirigente al PRT y a su pueblo.
Somos conscientes que en el marco de un gobierno “atendido por sus propios dueños”, con CEOs de las grandes empresas al frente de los ministerios se reinicia la revancha clasista, y recobrará protagonismo la “teoría de los dos demonios”. Porque sabemos que las grandes empresas fueron las principales responsables de la Dictadura Contrarrevolucionaria, entre ellas las contratistas del grupo Macri fueron beneficiadas con medidas como la estatización de sus deudas privadas.
Sabemos que la justicia para los luchadores populares sigue dependiendo de nuestra propia fuerza. Que nada se puede esperar de jueces como Eduardo Riggi que fue promovido por la Dictadura a Juez Nacional de Primera Instancia en lo Penal Económico Nº 4 de la Capital Federal en 1978, y nombrado por Menem como de Juez de Cámara de Casación Penal.
Nuestro pueblo ya ha gritado millones de veces que no quiere ningún genocida suelto, que no perdonamos y no nos reconciliamos. Nuestro pueblo ya ha escrito que la sangre derramada no será negociada. Ningún juez podrá dictar sentencia contra esa verdad.
Las y los guevaristas sabemos que nuestros/as compañeros/as luchaban por el Socialismo, y que la Justicia la encontraremos en el camino y la continuación de esa lucha.
¡La sangre derramada no será negociada!
¡Gloria a los fusilados en Capilla del Rosario!
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FRENTE POR LA UNIDAD GUEVARISTA
Movimiento de Izquierda Revolucionaria-Patagonia
CPS 29 de Mayo
Propuesta Tatu
Juventud Guevarista

Captura
El golpe del 24 de Marzo de 1976 no fue el primer golpe dado por las Fuerzas Armadas en nuestro país. La violencia política ya había sido ejercida repetidamente por las clases dominantes, desde el golpe de 1930, pasando por el bombardeo a la Plaza de Mayo y el golpe contra Perón en 1955, además de la dictadura de Onganía iniciada en 1966. Pero este último golpe perfeccionó todas las prácticas represivas que venían ensayándose hasta el momento: no sólo suspendió las garantías constitucionales y las libertades de todo tipo, sino que planificó y ordenó la aniquilación de las organizaciones populares y revolucionarias, a través de la detención ilegal, la tortura, la matanza y la desaparición de sus víctimas alojadas en Centros Clandestinos de Detención y Tortura. La planificación represiva fue tal que incluyó, además de la desaparición de miles de compatriotas, crímenes tan imperdonables como el robo de bebés.
Qué pasaba en la Argentina de los 70
Pero… ¿Cuál fue la causa profunda de la saña que los empresarios, terratenientes, militares y gobiernos de los países ricos descargaron sobre el pueblo trabajador? ¿Qué era lo que no podían permitir que sucediera aquí? La respuesta es sencilla: en nuestro país había una revolución en curso. Por eso es que nosotros hablamos de dictadura contrarrevolucionaria: queremos que se entienda que la represión no se descargó sobre “jóvenes idealistas que luchaban por el boleto estudiantil”, como dice el relato kirchnerista. La represión se descargó contra el pueblo y las organizaciones obreras y populares. No es una casualidad que la enorme mayoría de los desaparecidos fueran trabajadores (alrededor del 61%).
La dictadura tuvo entre sus tareas más urgentes el aniquilamiento de una tradición de lucha y resistencia obrera que durante las décadas del 60 y sobre todo en los 70, había desarrollado una conciencia profunda de sus intereses y de la necesidad de luchar por sus derechos. En muchos casos, los obreros y obreras se habían comprometido con la lucha y la política, sea participando en alguna organización revolucionaria armada o no armada, sea organizándose en tendencias combativas o comisiones internas dentro de los gremios, organizándose para impedir que los dirigentes sindicales traidores los vendan a la patronal, como sigue ocurriendo. Así protagonizaron las luchas más profundas de la historia de la clase trabajadora de nuestro país, y desafiaron el poder de los empresarios. Ese desafío es la verdadera causa del golpe genocida y el aniquilamiento del pueblo trabajador.
La teoría de los dos demonios
El retorno de la democracia permitió a las clases dominantes, apoyándose en la ausencia de los miles de militantes exterminados, hacer “borrón y cuenta nueva” sobre un pasado inmediato bañado de sangre. El gobierno de Alfonsín sembró la idea de que hubo dos demonios igualmente malos, que desencadenaron una guerra en la cual la sociedad era un rehén ajeno, y de esa política surgieron las leyes de Obediencia Debida y el Punto Final, que dieron la libertad a los asesinos. La idea de los dos demonios buscaba desterrar de la memoria a los trabajadores y al proyecto revolucionario por el que habían dado la vida… como si los militantes de los 70 no hubieran sido parte del pueblo. Es que la dictadura militar significó el triunfo de un proyecto político sobre otro: del capitalismo sobre el socialismo.
Sin embargo, fue durante el menemismo que las clases dominantes pudieron instalar el neoliberalismo, indultar y liberar a los pocos genocidas que seguían presos y llamar a la “concordia” y la reconciliación, intentando infructuosamente que las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo abrazaran a los torturadores y apropiadores de sus hijos/nietos.. Pero con la Rebelión popular de Diciembre del 2001, el pueblo argentino despertó de su larga pesadilla, pellizcado por el terrorismo económico y la pobreza a la que lo habían sometido, y abrió una nueva etapa histórica.
Expresión deformada de la voluntad rebelde del pueblo trabajador, la política kirchnerista debió realizar una larga serie de concesiones a las masas populares, entre ellas, en el terreno de los derechos humanos. Apoyándose en una lucha de casi 30 años en busca de Verdad, Memoria y Justicia, el kirchnerismo dio impulso a los juicios a los responsables del terrorismo de Estado, pero vaciando de contenido la lucha revolucionaria de los años 70, por la que luchó el pueblo y la militancia con sus muertos y desaparecidos. Sin embargo, el haber caratulado los crímenes como de “lesa humanidad” y apelado a que sean juzgados por genocidio, abrió el camino a que se volviera a discutir el pasado reciente y se desnaturalizaran ciertas ideas comunes, como la de los dos demonios, moldeadas por “la historia oficial”.
Asistimos a una nueva ofensiva
Pero más allá de las batallas jurídicas (que dejaron en el tintero los juicios a responsables civiles y religiosos de la dictadura) y de los avances en derechos humanos (limitados sólo al pasado sin atender a los problemas presentes: desaparición de Jorge Julio López, represión y gatillo fácil, represión a pueblos originarios, designación de personajes como Milani al frente del Ejército, ley anti-terrorista, proyecto X), debemos señalar que hubo también un relato kirchnerista sobre la dictadura, según el cual el golpe vino a instalar el neoliberalismo destruyendo a los “empresarios buenos” y poniendo a los “malos”. No fue así: nuestros compañeros fueron masacrados porque cometieron un delito imperdonable: luchar por un mundo mejor. Pero ese mundo mejor no era el capitalismo en serio, ni la democracia en la cual votamos cada 2 o 4 años y después ni sabemos qué hacen nuestros “representantes”. Nuestros compañeros lucharon por el socialismo.
Hoy, 40 años después, asistimos a un nuevo intento de ofensiva por parte de la burguesía sobre nuestras condiciones de vida. En este caso con un gobierno mucho más afín a sus intereses históricos e inmediatos, marcando un cambio de etapa en la argentina. Semejante cambio fue posible por manipulación mediática, doble discurso de la derecha y errores del kirchnerismo pero también, hay que decirlo, por incapacidad de las fuerzas populares de construir una fuerte alternativa política.. Sobre las ruinas del proyecto “de crecimiento con inclusión social”, que lejos de avanzar en la soberanía intentó que el empresariado argentino fuese responsable -y éste respondió fugando dinero, fundiendo el Estado y endeudándolo nuevamente- se eleva el gobierno de Macri, con un libreto neoliberal que ya despidió más de 100.000 trabajadores y endeudó a las futuras generaciones por 12 mil millones de dólares. A esta película ya la vimos, no son los ñoquis ni la corrupción kirchnerista, el problema es que necesitan los salarios bajos que la desocupación genera, y una Argentina para pocos de la mano del ingreso de dólares para sus negocios relacionados con EEUU. Hay que construir un proyecto donde el sujeto sean los trabajadores.
Por qué nos movilizamos
40 años después nos movilizamos, pero no sólo para pedir por la memoria, la verdad y la justicia sino también para levantar las banderas de nuestros compañeros y compañeras. Hoy como ayer, luchamos por el socialismo y la revolución. Cuando decimos que “no olvidamos, no perdonamos y no nos reconciliamos”, como dice la consigna de HIJOS, estamos diciendo también que reconocemos en nuestra lucha de las compañeras y compañeros. Levantamos sus consignas y las banderas del guevarismo del PRT-ERP, con la sabiduría que nos brinda el tiempo, la experiencia, las autocríticas y los balances, a sabiendas de que corren tiempos distintos, pero con la convicción de que el horizonte sigue siendo el mismo: construir una nueva sociedad justa, libre, sin opresores ni oprimidos.
Es imposible no pensar la lucha por los derechos humanos como algo que va más allá de los 70 porque el escenario ha cambiado, no sólo seguimos pidiendo justicia para los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la Dictadura. Hoy, el Estado nacional sigue utilizando sus fuerzas represivas para criminalizar a los pobres, reprimir a los trabajadores, desaparecer pibas y matar pibes de las villas.
La provocación de que en una fecha en la que exigimos justicia por los miles de muertos y desaparecidos venga a nuestro país el representante máximo del imperialismo, que asesina a miles y miles de personas en el mundo por día, es un mensaje envuelto de significativo simbolismo. La visita del presidente de los EEUU, Barak Obama, no sólo tiene por objetivo consolidar el apoyo imperialista al gobierno de Mauricio Macri (quien mejor representa la política de cuidar lo que ellos consideran “su patio trasero”) sino que se realiza el día del aniversario del Golpe contra-revolucionario, que violó sistemática y masivamente los derechos humanos en nuestro país insertándolo en un plan regional diagramado por el imperialismo yanqui quien fue sostén material e ideológico de las dictaduras en Argentina, Brasil, Uruguay, Chile, Paraguay, etc.
Este 24 de Marzo tenemos que ser cientos de miles en la calle, para mandar a Obama a su casa, para pedir por Memoria, Verdad y Justicia, para volver a tomar las banderas que levantaron nuestras compañeras y compañeros hace más de 40 años. Hoy más que nunca ¡estamos dispuestos a vencer!

“…Nosotros como revolucionarios marxista-leninistas que nos debemos a la clase obrera, no podemos apoyar sectores vacilantes, no podemos despertar esperanzas en políticos que no realicen una práctica revolucionaria. Coincidimos sí, con ellos en la defensa de la democracia y la libertad, pero no los defendemos ni apoyamos, siguiendo las enseñanzas leninistas de que un pilar de la educación revolucionaria es confiar únicamente en las auténticas fuerzas revolucionarias del proletariado y el pueblo y no confundirse por ningún demagogo, ningún vacilante, ningún partido ni dirigente que sólo prometa y ceda ante presiones y esté en todo momento bajo la influencia del enemigo.
(…) Identificar claramente los amigos y los enemigos de las fuerzas populares es un punto de partida indispensable para una política revolucionaria. Toda confusión, la confianza en los enemigos y el alejamiento de los amigos constituye un debilitamiento enorme para la clase obrera y el pueblo. Todo trabajador sabe por experiencia que no debe tener la más mínima confianza en las promesas y palabras de los capitalistas, menos aún si ellas se pronuncian frente a un conflicto, frente a la lucha obrera. Y sabe también que debe unirse estrechamente a sus compañeros de clase, más aún en los momentos de lucha.
(…) Como decía Lenin, no es grave cometer un error. Todo el mundo lo comete. Lo grave es persistir en él, agrandarlo y justificarlo…”

Mario Roberto Santucho, agosto de 1973

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¡LUIS ORTOLANI, HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!
Falleció hoy, 29 de agosto, el Compañero Luis Ortolani, “El Nono”, militante histórico del PRT-ERP.
Compartimos con ustedes las palabras de Daniel De Santis en homenaje:

Compañeras y compañeros:

Ha fallecido Luis Ortolani, Julio Parra en las filas del Partido Revolucionario de los Trabajadores. Un indispensable por aquello que luchó toda la vida, hasta el último día.

Integró las filas del Partido desde antes de su fundación, ya que integraba la organización Palabra Obrera que al fusionarse con el FRIP le dio nacimiento en su Primer Congreso de 1965, del que Luis fue participante. Por lo tanto fue su fundador y en primera fila. Participó en todos sus congresos y, en el V, en julio de 1970, fue fundador del Ejército Revolucionario del Pueblo.

Además de combatir militarmente, como todo militante partidario, integró la redacción de El Combatiente y, desde allí, fundó el periódico del ERP Estrella Roja.

De su exquisita pluma salieron trabajos emblemáticos que aportaron fundamentalmente a la formación de la línea partidaria y de sus militantes: “Pequeña burguesía y revolución”[1], “Moral y proletarización”[2], “El Peronismo”[3], “Partido y lucha de clases”, la sentida biografía del gran Luis Pujals, y muchísimos escritos, en particular las notas centrales de El Combatiente salieron de su pluma, estudio e inspiración. Muchos de ellos, lamentablemente, no firmados.

Durante los sucesos de la Fuga del Penal de Rawson jugó un importante papel, ya que debió asumir la responsabilidad política del conjunto de los presos que no pudieron fugarse el 15 de agosto de 1972, negociando con los militares asesinos los términos de la entrega del Penal.

Fue preso político en la dos dictaduras, en la preventiva y en la contra revolucionaria, siendo reconocido como buen compañero por el resto de los presos políticos, prueba muy exigente para todo militante.

Al salir en libertad, en 1983, encontró un Partido dividido pero siguió militando desde su papel como periodista revolucionario y siempre vinculado a la clase obrera, ya que durante años dictó cursos de formación de la juventud obrera en la UOM de Villa Constitución.

En 2007, participó de la Cátedra Che Guevara en la ciudad de La Plata, y se sorprendió gratamente al ver que sus escritos había sido publicados nuevamente por la actual generación de jóvenes militantes guevaristas[4].

Con la pérdida de Luis, la clase obrera y el pueblo argentino, los y las militantes revolucionarios sentimos una sensible baja que solamente será cubierta redoblando la militancia por la revolución y el socialismo por la que Luis Ortolani luchó y entregó todos los días de su vida.

¡A vencer o morir por la Argentina!

¡Hasta la victoria compañero Luis Ortolani!

Luis

[1] http://www.cedema.org/uploads/Pequena_burguesia_y_revolucion.pdf

[2] http://www.abuelas.org.ar/educacion/MoralProletarizacion.pdf

[3] https://www.dropbox.com/s/yf1onhho4pcb8ha/EL%20PERONISMO%20Julio%20Parra.pdf?dl=0

[4] http://www.elortiba.org/pdf/Ortolani_Del_I_al_V.pdf

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